miércoles, mayo 23, 2007

GLOBALIZACIÓN VERSUS ANTIGLOBALIZACIÓN


La globalización, con la supresión de barreras arancelarias y la libre iniciativa de las empresas, hará que la tarta sea lo más grande posible. Pero su reparto económico dará lugar a grandes diferencias.¿Cómo hacer que la tarta se reparta más justamente?
Más allá de la defensa o no de un Estado mundial recaudador de impuestos o de movimientos de la sociedad civil altruistas y espontáneos prestos a ayudar a los países pobres (soluciones más utópicas que realistas), no se puede obviar una cuestión previa. Dentro de cada país menos desarrollado y potencial receptor de ayuda tendría que existir también una adecuada redistribución de la riqueza propia del Estado de Bienestar. Esta sería la garantía de su futuro desarrollo. Ningún país ha salido de la pobreza sólo a partir de ayudas externas, y no porque hayan sido siempre mínimas. Los países que han logrado salir de la pobreza lo han conseguido gracias a reformas sociales y políticas en su mismo seno. Por dos razones: las reformas mismas y las ayudas externas que, entonces sí, se revelan eficaces. Ayudar a un país desestructurado socialmente, no democráticos y con políticos corruptos apenas sirve para paliar la mala conciencia de los que dan, y en absoluto queda garantizado que se llegue a subsanar apenas un poco las necesidades de la población. Las ayudas suelen caer en saco roto: o bien en manos de políticos corruptos, si se dan a los gobiernos (que es lo que ocurre la mayoría de las veces), o bien un mero parche que se agota en sí mismo (sin contribuir al desarrollo futuro), si se da directamente a la población. De modo que resulta esencial que los países sean suficientemente democráticos para su futuro desarrollo.
Donde no hay democracia política suele escasear tanto la mentalidad liberal en lo económico como la sensibilidad para la justicia social. La tarta es pequeña y además muy mal repartida. Por desgracia, la mayoría de los países pobres hoy día no son democráticos. Y si lo son en la forma, carecen de una clase media que la pueda hacer efectiva para ejercer un mínimo de justicia social; y lo peor de todo, pues significa un vicioso estancamiento, de la voluntad política de los gobernantes para fomentar dicha clase media.
Los detractores de la globalización afirman que sólo ganan algunos, pero los defensores de la globalización suelen repetir que con la globalización ganamos todos. ¿Quién tiene razón?
Los antiglobalización recalcan que ganan más los países desarrollados que los atrasados y las diferencias son acumulativas. Y tienen razón. Las diferencias tenderán a aumentar. Pero los defensores de la globalización dicen que el número de personas pobres en términos relativos y absolutos es menor que hace veinte años. Y cada vez será menor. Y también tienen razón. ¿Implica esto una contradicción? En absoluto.
Hoy día la diferencia entre los países ricos y pobres es más grande que hace veinte años. Algunos países africanos son tan pobres como hace veinte años (el estancamiento de algunos países africanos no es por un exceso de globalización, sino por todo lo contrario. La globalización implica cierta desigulaldad económica, pero no miseria económica. Es absolutamente imaginable un mundo globalizado sin gente que se muera de hambre), sin embargo la mayoría de países que eran ricos hace veinte años son ahora bastante más ricos. Por otro lado muchos países que eran pobres hace veinte años ahora son ricos. Si tomamos el grupo de los tres o cuatro países más pobres y comparamos la renta con los países más ricos, el resultado es que la diferencia de renta ha aumentado. Ahora bien, es un hecho que hoy día hay menos países pobres (la China y la India, que son países superpoblados, han abandonado la indigente pobreza de hace veinte años. Y lo mismo ocurre con otros países orientales como Corea del sur). De modo que si nos fijamos en las personas y no tanto en los países, debemos admitir que hoy en día hay menos pobres, y que los pobres que hay no son más pobres que hace veinte años.

Los antiglobalización dicen que el aumento de la diferencia de renta entre los países ricos y pobres es por la globalización, y probablemente tienen razón. Los defensores de la globalización afirman que hay menos pobres precisamente por la liberalización de los mercados, y probablemente tienen razón también. Más allá de los datos, el problema en este punto pende de una opción ética y de una cuestión epistemológica. ¿Qué nos parece más intolerable la desigualdad o la pobreza? ¿Cómo consideramos la riqueza como un bien escaso que hay que repartir o como algo potencialmente ilimitado que se puede crear? ¿Cómo consideramos al ser humano, como un pasivo que sólo consume y tiene necesidades que cubrir o también como un activo capaz de crear soluciones gracias a su ingenio y razón? Lo sepan o no, los antiglobalización consideran más intolerable la desigualdad que la pobreza, y consideran asimismo que la riqueza es un bien escaso y limitado y que el hombre es fundamentalmente un agente pasivo. Los defensores de la globalización consideran que es más intolerable la pobreza que la desigualdad, que la riqueza se crea y no es un bien limitado y que el hombre además de pasivo es activo.
Sin embargo, los movimientos antiglobalización se oponen, pero no proponen. Se pierden en bellas utopías, pero irrealizables y, a la larga, nocivas. Es la razón, y no a la ciega violencia, lo que puede solucionar el problema.
A menudo escuchamos a los movimientos antiglobalización defender la democracia y atacar el libre mercado. Pero obvian una cuestión elemental. Si bien puede haber a duras penas libre mercado en un país no democrático, no hay un país democrático sin libre mercado. Además, si un país no democrático se empieza a abrir al libre mercado tiende a generar clase media que es el caldo de cultivo social más adecuado para que surja una democracia. Así pasó en España de los años sesenta. La libertad de mercado llama a las otras libertades y a la participación política como la luz a la polilla, y esto a pesar de ocasionales y déspotas dirigentes políticos. De modo que defender la democracia es defender, implícitamente, el libre mercado. Y atacar el libre mercado es atacar, implícitamente, la democracia.
A menudo escuchamos a los movimientos antiglobalización defender el respeto a ultranza de las diferencias culturales y, a la vez, la igualdad de derechos de todos los individuos. El penoso resultado es que mientras se defienden o se toleran con demasiada facilidad las tradiciones culturales a menudo vejatorias para la mujer propias de ciertos países musulmanes se defiende la igualdad de derechos entre hombre y mujer si somos occidentales.
Podemos defender lo circular o lo cuadrado, y acto seguido esforzarnos por dar argumentos sólidos que den valor a nuestra defensa. Pero lo que es indefendible es el circulo cuadrado.

20 comentarios:

Iñaki dijo...

Hola Jesús
Permíteme un apunte económico
La globalización aumenta la competitividad, lo que en el caso de las rentas del capital se traduce en intereses más altos, una ventaja, pero en las rentas del trabajo en salarios más bajos. Esto implica un aumento de la desigualdad social en el interior de cada país, más que entre países, es el famoso squeezing de la clase media americana que pronto sentiremos en España.

Jesús Palomar dijo...

Hola Iñaki. Supongo que te refieres a la caida de los salarios y de las ayudas sociales a la clase media-baja (trabajadores no cualificados). Eso es cierto. La globalización va unida a la libre circulación de trabajadores. La emigración masiva siempre es de mano de obra no cualificada y esto, evidentemente, implica el abaratamiento de los salarios. El sueldo de un albañil en España se estancará, subirá menos o bajara; pero dificilmente el albañil aumentará su poder adquisitivo si aumentan los trabajadores inmigrantes. Además, los inmigrantes pasan a constituir un sector de la población más necesitado, y las auyudas sociales que antes se destinaban a "los albañiles" autóctonos pasarán a destinarse a los inmigrantes. No obstante, esto es resultado de una imperfecta globalización. La solución es más globalización. Es decir, la emigración masiva de mano de obra no cualificada se produce desde paises no globalizados: paises no democráticos, intervencionistas y, la mayoría de las veces, dirigidos por políticos corruptos. La emigración masiva de mano de obra no cualificada se produce por la miseria. Los paises con economía de mercado consolidada y sistemas democráticos tienden a eliminar la miseria. Ergo,a más globalización menos miseria y menos emigración masiva y no cualificada.
Un saludo.

Iñaki dijo...

No, no me refería a la inmigración, los trabajadores son oferentes en el mercado, ofrecen su trabajo, en un mercado global un trabajador español tiene que competir con los chinos, Indúes o Pakistaníes, no necesitan emigrar para competir, y para ser competitivos o bien ofrecen un trabajo de alta calificación, o bien rebajan el precio (salario). Los inversores en cambio son demandantes en el mercado, pueden seleccionar las ofertas más altas. Todo aquel que posee capital de inversión está en ventaja con la globalización. El resultado de la globalización puede ser la igualación de las rentas de los países, pero sin duda significa el aumento de la desigualdad de la renta dentro de cada país. La globalización tiene perdedores y ganadores netos.

Jesús Palomar dijo...

Bueno Iñaki, no tengo grandes conocimientos en Economía, pero utilizaré cierta lógica de mercado para contestarte. En cierto sentido tienes razón. Efectivamente el trabajo se comporta como un producto. Si hay mucha oferta y poca demanda, el precio del producto baja. En un mercado globalizado la mano de obra no cualificada aumenta, y aunque la demanda empresarial también aumenta, te admito que el balance es beneficioso para la empresa (parto del hecho de que normalmente no hay monopolio, claro. Si hubiera monopolio empresarial, el beneficio absoluto sería para la empresa que contrataría trabajadores sin competir con otras empresas y asignando el salario que mejor le pareciese)Pero la desigualdad no implica necesariamente miseria ni perdida efectiva de una de las dos partes en liza.El trabajador no cualificado también se beneficia del aumento de la riqueza general, aunque menos que el empresario. Se beneficia, por ejemplo, de la competencia que abarata y mejora los productos,se beneficia de las prestaciones sociales (si la sociedad es mas rica habrá mejores servicios y más dinero proviniente de impuestos). Y una cosa muy importante, se beneficia de la libertad pues empresarios, trabajadores cualificados y trabajadores no cualificados no son castas inamovibles.A menudo los empresarios fracasan y los trabajadores no cualificados se cualifican. En gran medida ese cambio depende de ellos mismos.En una sociedad no capitalista y aristocrática, por ejemplo, las grandes fortunas las tienen siempre los mismos. La lista de las diez fortunas más grandes de EE.UU, por ejemplo,no se suele mantener igual más de diez años. Incluso a veces han dejado de ser siquiera fortunas. Este es un dato interesante que viene a matizar, junto con los otros, esa perdida neta de la que hablas. Ganar menos que... no significar siempre perder absolutamente.

Iñaki dijo...

El trabajo es un bien que se ofrece, el dinero un bien que se demanda, por eso cuanto menor regulación haya del mercado más sale ganando el capital con respecto al trabajo.
Completamente de acuerdo con tus matizaciones, sin embargo eso no impide que la estructura de la sociedad de los paises más avanzados se vea afectada negativamente por la globalización en el sentido de que la clase media disminuye, el fenómeno squeeze del que te hablé antes en USA. Antes un obrero industrial de cualificación media podía englobarse en la clase media, poderosos sindicatos protegían sus derechos y ayudas sociales, es lo que se llama economía central, hoy día en decadencia o desaparición. Hoy prolifera la economía periférica de trabajadores del sector terciario de nula cualificación y salario ínfimo.
La sociedad española lleva el camino de la americana, en la que a un lado están los que venden servicios o productos y al otro los que perciben salarios, el vínculo de la clase media se rompe y la clase baja tiende a la marginalización. La movilidad social disminuye mucho, en USA las tasas de movilidad se han reducido drásticamente desde los 90.
Finalmente, la democracia se resiente, sustituida por la partitocracia, en la que ciertos intereses prevalecen no importa a quien votes. Por ejemplo el PSOE ha reducido la progresividad del impuesto sobre las rentas del capital desde un abanico de 15-40% a un unico tramo del 18%, y todos los partidos han votado a favor.
La globalización va a tener un importante coste social en los países desarrollados, no soy demasiado optimista al respecto, creo que tenderemos a sociedades estratificadas.

Jesús Palomar dijo...

Un saludo afectuoso Iñaki. He meditado un poco sobre tu respuesta, pues sé que se basa en sólidos datos. Me atrevo sin embargo a contestarte aun pecando de ingenuo, con el único arma del razonamiento, quizá imperfecto. Si es así, agradecería tu corrección.
Apuntas tres males: a)caída o empobrecimiento de la clase media: por ejemplo, obreros industriales de cualificación media (economía central). La causa es la proliferación de mano de obra no cualificada dispuesta a recibir bajos salarios. Los sindicatos dejan de proteger a los primeros. b)baja la movilidad social c)la democracia se resiente y se convierte en partitocracia que en general tienen intereses comunes desligados del bien común.
Entiendo que si el obrero industrial de cualificación media sale perjudicado es porque la mano de obra no cualificada es capaz de competir con ellos. De modo que volvemos a la misma cuestión, en un mercado globalizado el número de mano de obra no cualificada oferente se multiplica y baja los salarios del obrero no culificado de los países desarrollados. No obstante se me ocurre que esto es así de hecho, pero la inercia de la globalización tiende a modificalo si aplicamos cierta lógica. Admites que la globalización tiende a igualar la riqueza de los países (podemos imaginar un mundo globalizado donde no haya países pobres). La libre competencia genera riqueza y clase media en los países donde se da, y la clase media tiende a generar formas políticas democráticas. En un mundo así, la proliferación de mano de obra no cualificada dispuesta a trabajar por poco salario no se daría. De hecho esto ocurre ahora porque esa mano de obra se da en países en vías de desarrollo y en países claramente subdesarrollados. En un mundo plenamente desarrollado y democrático esta proliferación no se daría. El obrero francés no rebaja el salario del obrero alemán. Es el obrero chino o ecuatoriano el que lo hace. Y lo hace porque China es un país en vía de desarrollo y Ecuador un país subdesarrollado. Cuando China y Ecuador sean como Francia, y en un mundo globalizado esto es cuestión de tiempo (salvo una oposición frontal a la tendencia globalizadora), no tiene porque ocurrir el fenómeno que señalas. La cuestión de los sindicatos no logro relacionarla con la globalización. ¿Por qué dejan de proteger a la clase media? ¿Quizá porque protegen a la clase baja? No sé. No entiendo tampoco por qué se hace más difícil la movilidad social. Si convenimos en que la globalización aumenta la riqueza de los países y tiende a generar clase media, y convenimos en que la clase media tiende a facilitar la democracia política; entonces debemos decir que en la democracia es donde las posibilidades de educación y formación suelen estar más abiertas a todas las clases sociales. Esto es lo que posibilita la movilidad. Tampoco entiendo la relación que hay entre la globalización y la proliferación de la partitocracia. La partitocracia, desgraciadamente, es la democracia imperfecta que hay en Europa desde los años cuarenta. No veo en qué sentido la globalización la refuerza.
Un saludo

Iñaki dijo...

Por cierto, qué tal el fin de curso, seguirás en el mismo sitio? Yo estoy de tribunal de oposiciones otra vez (supercoñazo)

Bueno, debo decirte que detecto ciertos defectos en tu razonamiento, que te señalo
1)Los obreros aceptan salarios más bajos cuando la competencia les fuerza a ello, no importa que la competencia sea francesa o guineana. Los salarios no subirán por arte de magia cuando aumente la riqueza de un país, subirán solo si la competencia remite, lo que en un mundo globalizado es difícil
2) Los obreros de cualificación media no necesitan educación en el sentido tradicional, fundamentalmente se aprende trabajando, es por eso que un nigeriano puede competir con un español instalando aires acondicionados.
3) La mayor riqueza en un país no conduce necesariamente a la creación de una clase media, ahí tienes el ejemplo de China. Conduce más bien al aumento de la desigualdad.
La clase media proliferó a partir de los años 50, en un ambiente de proteccionismo comercial e intervención estatal (en Europa, a partir de finales de los 60 en España). Los sindicatos sirven para acotar el mercado laboral limitando artificialmente la oferta de fuerza de trabajo. En una economía mundial no globalizada los costes productivos de ese sistema económico eran asumibles, pero la globalización ha significado la liberalizacion de esos mercados, se ha conseguido mayor eficacia, abaratando costes de producción, pero el ideal de una sociedad de clases medias se aleja.
Para no alejarnos de la realidad diaria, en España en los últimos años las rentas del trabajo han caido continuamente, mientras que las del capital se han disparado. Un maestro albañil ganaba en 1986 lo mismo que ahora, un peon incluso menos, en cambio un jefe de cuadrilla cobra mucho más por su trabajo. La sociedad española, como te decía, se divide cada vez más entre los que cobran un salario y los que cobran un bien o servicio.
En definitiva, la globalización integra mercados y aumenta la eficacia económica y técnica, pero también aumenta la desigualdad social, y la clase marginal (estructura postindustrial) haciendo disminuir la clase media. La movilidad social desciende por lo que te decía, la brecha entre clase baja y clase media aumenta, el salto es más difícil.

Iñaki dijo...

Por cierto, un ejemplo en contra de la partitocracia, en USA se ha rechazado en el senado la ley de amnistia para los inmigrantes ilegales, a pesar de que las direcciones de ambos partidos y el presidente Bush la apoyaban a muerte. La centralita del senado se colapsó por las llamadas de los votantes a sus representantes, y al final senadores de los dos partidos votaron en contra. Claro que allí los electores tienen algo que decir sobre a quien eligen, y la partitocracia es más limitada.

Jesús Palomar dijo...

Bueno, Iñaki, aquí te mando otra parrafada. Si tienes tiempo y ganas atácala como es debido. Un saludo chavalote.

En relación a tu primera objeción.
Tengo muchos alumnos de 17 y 18 años que no aceptarían un puesto de camarero a cualquier salario. Ellos y en muchos casos sus familias prefieren que el niño no trabaje (por cierto, a veces son hijos de albañiles). Si la competencia se estableciera entre un millón de estos jóvenes, el empresario tendría que subir su salario. Si la competencia se diese entre un millón de jóvenes entre los cuales la mitad rechazaría ese salario miserable y la otra mitad aceptaría cualquier salario, la cosa cambia. Quiero decir con esto que para calibrar bien el concepto de competencia no solo es importante el número de los competidores (evidentemente en un mundo globalizado el número aumenta), también el nivel de pobreza de estos (que es lo que determina su nivel de exigencia salarial). Digo esto en referencia a la frase “no importa que la competencia sea francesa o guineana”

En relación con tu segunda objeción.
Insisto, si la cualificación media no necesita una instrucción determinada o costosa en algún sentido (tiempo de dedicación, esfuerzo, capacidad, dinero, etc), esa cualificación media de la que me hablas es equivalente a la no cualificación, pues toda mano de obra no cualificada puede ocasionalmente realizar esas funciones.

En relación a tu tercera objeción.
Cierto que la mayor riqueza de un país no produce mecánicamente clase media. Pero si esta riqueza se produce gracias a unos principios liberales, no solo económicos sino políticos, esta probabilidad aumenta. Si además hay cierta consideración social por parte del estado, aumenta aún más. Si además ambas cosas se unen en un planteamiento político democrático social-liberal, aun más. Hoy por hoy, es una cuestión de facto no de iure: democracia y liberalismo parecen ser caras de la misma moneda. Aun con mil imperfecciones como la jodida partitocracia. Por otro lado, y quizá es esta un objeción ingenua, ¿si no hay clase media que pueda acceder masivamente a la compra de los productos del mercado, cómo sobrevive el mercado?
El ejemplo de China no me parece válido. China es (salvando las distancias) como España a principios de los sesenta. Todavía no hay clase media. La cuestión es si esos trabajadores chinos viven mejor que ellos mismos hace diez años. Es decir, si han prosperado, y si las expectativas de prosperidad son mayores. Cierto que entre estos trabajadores y la empresa la diferencia de beneficios se agranda. La empresa que los contrata gana mucho más. Que los ricos sean más ricos no implica necesariamente que los pobres sean más pobres. Solo implica que la diferencia entre ambos aumenta. Pero también aumenta la diferencia de riqueza con mi vecino si a este le toca la lotería. No obstante, esto no me hace a mí más pobre. Mi poder adquisitivo sigue igual.
En relación con la albañilería, si interpreto tus datos bien tanto el peón, como el maestro, como el jefe de cuadrilla ganan ahora más que en 1986. Pero ahora la diferencia entre el salario del jefe de cuadrilla y el peón es mayor, ¿no dices eso? Si esto es lo que dices, creo que me estás dando la razón.

Iñaki dijo...

Aqui va mi contraargumentación
1) Los que no están dispuestos a trabajar por un salario determinado ciertamente restringen la oferta, mientras puedan aguantar, pero es el abismo creciente del que te hablaba, si consigues empezar tu vida laboral con un buen trabajo de clase media (de alta cualificación, o funcionario, autónomo...)lo tienes bien, pero si entras en el c´irculo de los trabajos de clase baja es muy difícil salir de ahí, cada vez más difícil.

2) Era una cualificación suficiente para asegurar un buen sueldo hace 20 años, pero ya no, ese es el problema.

3) Es posible e incluso probable que un trabajador chino en una fábrica hoy día tenga un nivel de vida algo superior a hace 20 años en el campo, pero la desigualdad no es inofensiva, provoca resentimiento por un lado y aumenta la dominación social por otro. En China esa desigualdad es además política, los nuevos ricos son indefectiblemente miembros del partido, eso puede a su vez tener consecuencias políticas. En otros países, la desigualdad se ve acompañada de diferencias étnicas o raciales, otra situación potencialmente explosiva.
4) No, te aclaro el ejemplo, un maestro albañil llegaba a ganar en 1986 300.000 pts, ahora no llega a los 1.800 €, la pérdida en términos de poder adquisitivo ha sido bestial. Un peón podía ganar 150.000 pts, ahora no pasa de 600 €, un jefe de cuadrilla cobra por el trabajo realizado, y por tanto con el boom inmobiliario cobra muchísimo más por ellas (como 4 veces más) pero sus costes laborales han disminuido enormemente en terminos reales, su margen de beneficio se ha disparado.
En última instancia el consumo en España de las clases bajas lo está manteniendo el crédito al consumo, el mercado sobrevive porque la tasa de ahorro es ínfima, y porque los beneficios del capital son bestiales, y aquí se incluye el pequeño capital de la clase media, que puede fijar el precio de los productos que vende o los servicios que ofrece.
5) En cuanto al argumento de aumento de riqueza-principios liberales-aumento de clase media, te repito que es un hecho, no una hipótesis, que el gran crecimiento de la economía norteamericana en los últimos 20 años ha producido una disminución de la clase media, un fenómeno que preocupa cada vez más en los USA por sus repercusiones sociales y políticas. En España en los últimos 10 años está pasando lo mismo, aunque nadie diga ni pio.

Jesús Palomar dijo...

Bueno, llegados a este punto es hora de revisar los planteamientos. Asumo que no tengo datos socioeconómicos pormenorizados de Europa ni de EE.UU. Solo tengo una impresión general quizá poco precisa. Bueno, es posible que la globalización haga que la clase media de los países desarrollados no prospere con el mismo ritmo que prosperó sin la globalización. Pero para que esto ocurra es necesario que exista esa clase media. Y yo creo, y esto es ideológico, que esa clase media se formó, entre otros factores, por el liberalismo económico y político, junto con planteamientos democráticos y sociales. También creo que el liberalismo económico tiende a ampliarse al liberalismo político y a la democracia (eso ocurrió en España y es probable que eso ocurra en el futuro en China). Considero que ese modelo, esencialmente, podría acabar con la pobreza en el mundo. Por otro lado, si la clase media de los países desarrollados se resiente un poco, pero a la vez cada vez hay menos pobres a nivel mundial (esto es un hecho), el balance no es óptimo pero sí positivo. Partamos de que tu tesis fuese cierta: quizá la clase media europea en lugar de tener dos televisores tendrá uno, en lugar de tener una casa grande tendrá una un poco más pequeña, qué sé yo; pero a la vez gente que no tenía casa, trabajo ni televisores podrá tenerlo. No sé si el ejemplo es del todo adecuado. En fin. Tu reflexión sobre la no inocencia de la desigualdad es cierta, pero eso es una cuestión más antropológica que política. Si yo y mi vecino vivimos razonablemente bien, pero a mi vecino le tocan las quinielas quizá la envidia me amargue la vida y prefiera en el fondo que los dos vivamos igual, pero peor. Esto es humano, demasiado humano, pero por muy humano que sea no puedo defenderlo como bandera política. Creo que desde una postura medianamente ilustrada es preferible un mundo con diferencias, pero sin pobreza, que un mundo igualitariamente pobre.

Iñaki dijo...

Dices que la clase media "se formó, entre otros factores, por el liberalismo económico y político, junto con planteamientos democráticos y sociales" creo que estás muy equivocado. La extensión de la clase media es un fenómeno reciente, a no confundir con la burguesía, y se produjo a partir de los años 50, en un momento de escaso liberalismo económico, más bien de fuerte intervención estatal siguiendo el Keynesianismo.
El liberalismo económico se reimpuso en la década de los 80 con las políticas monetaristas, que han servido para sacar a los países desarrollados, y en especial a USA y Gran Bretaña, sus principales abanderados, de la crisis de los 70. Estas políticas han combatido la inlación y producido crecimiento económico, lo que está muy bien, y han aumentado la desigualdad social.
Estas políticas se han aplicado en el marco de la globalización, que es primeramente un fenómeno tecnológico y solo secundariamente político. No hay una alternativa viable antiglobalización, solo estrategias para aprovechar la globalización, y en estas es posible que cierto proteccionismo comercial no viniera mal en aras de una menor desigualdad social y, por tanto, mayor estabilidad, aunque no es lo que preveo.
En cuanto al desarrollo, está claro que una democracia es por su propia naturaleza más proclive a que este se produzca con menor desigualdad social.
Para resumir. No estoy contra la globalización, eso significaría simplemente renunciar a la tecnología moderna. Estoy a favor del liberalismo, pero reconozco sus limitaciones y peligros, no es una panacea.
En cuanto a China, no creo en absoluto que su crecimiento económico favorezca la democracia, en absoluto, al contrario, refuerza el sistema de dominación del partido. Mi previsión es que en poco tiempo China se va a pegar un batacazo financiero, y espero que así sea.

Jesús Palomar dijo...

Cuando digo que la clase media se formó entre otros factores, por el liberalismo económico y político, junto con planteamientos democráticos y sociales no estoy poniendo fechas. No es un enunciado diacrónico o histórico. Hay que entenderlo del mismo modo que las especulaciones de los filósofos contractualistas cuando explican el origen de la sociedad y el Estado. ¿Qué quiere decir esto? En primer lugar, encuentro ciertas relaciones de implicación entre liberalismo económico, liberalismo político, socialdemocracia y democracia. Segundo, estas implicaciones son, desde luego, discutibles; pero también lo son las contrarias. En última instancia se trata de una toma de postura ideológica. Cuando Rosusseau, Hobbes o Locke plantean sus respectivas especulaciones sobre el origen del Estado y la sociedad, lo primero es admitir que en unas y otras hay cierta lógica; y segundo, tomar partido por una o por otra no elimina la lógica del otro (al final no actúa solo la razón, la razón no puede justificarse a sí misma. En matemáticas o en física el axioma o postulado primero se asume sin ser deducido, es una toma de partido, una apuesta. La razón no puede sacarse a sí misma del agujero tirándose de los pelos, como el famoso barón alemán).
De modo que en ningún caso considero que la clase media se formó antes de los años cincuenta. Pero cuando se formó, previamente había un liberalismo económico y político. Luego vino Keynes, un liberal pragmático, y la socialdemocracia europea. La Teoría General de Keynes encerraba los elementos básicos de lo que iba a ser la teoría económica de la socialdemocracia europea que gobernó prácticamente la mitad del continente desde los años 50 hasta mediados de la década de los 80. La posibilidad del Estado de actuar como factor anticíclico para amortiguar las crisis del capitalismo; la importancia de la demanda como factor generador de empleo y riqueza; el papel de los impuestos progresivos como instrumento de redistribución de la riqueza, etc., han sido el ABC de la socialdemocracia europea. Las aportaciones teóricas de Keynes están en el corazón de lo que después sería el Estado de bienestar. Entonces surgió la clase media. La pregunta es ¿podría haber habido un Keynes o una efectiva socialdemocracia sin un desarrollo liberal en lo económico y lo político? ¿hasta que punto todo ello no está relacionado con la democracia como ideal político? El Bloque del Este intentó reconciliar democracia e intervención total del Estado (teóricamente con fines sociales). Fracasó. El liberalismo puro lleva a “batacazos” (la famosa crisis del 29), pero los batacazos liberales suelen llevar a la rectificación o modificación de sus planteamientos. Muy probablemente EE.UU acoge a Keynes tras y por la famosa crisis.
Yo tampoco creo que el liberalismo sea la panacea. No es lo óptimo, es lo menos malo si lo contrastamos con el intervensionismo total. Esta prudente toma de partido es en el fondo una toma de partido por la libertad. La libertad es creadora. Y es el propio liberalismo el que crea a Keynes.
Reivindicar hoy a Keynes, resaltar sus aportaciones teóricas a la ciencia económica no debería llevarnos a rehabilitar su ideario en un contexto completamente distinto, con unos problemas completamente distintos a los que llevaron al liberal británico a proponer sus recetas. Ante problemas nuevos son necesarios nuevas soluciones. O soluciones antiguas debidamente adaptadas. Pero antes del años 36 tampoco existían las ideas de Keynes.
Ignoro lo que ocurrirá con China. Abomino de su sistema político. Pero creo que la tímida e imperfecta apertura al liberalismo económico ha mejorado, en un sentido general, la vida de muchos chinos. No conozco ningún país que haya pasado a una democracia liberal desde una dictadura totalitaria y por ende con una intervención total en la economía. Pero sí conozco dictaduras que tras abrirse un poco al liberalismo económico han transitado hacia una democracia social-liberal (más allá de las intenciones de sus déspotas gobernantes). De ahí mi moderado optimismo. No ignoro que el fabricante de juguetes español estará jodido con los chinos. Del mismo modo, el productor de naranjas estaría jodido con los marroquíes si eliminaran barreras arancelarias. Pero el fabricante de juguetes o el agricultor español siempre pueden probar suerte en otras cuestiones, la libertad y el mercado implican cierto dinamismo. Algo que, hoy por hoy, les resulta más difícil a los chinos y a los marroquíes. Mientras tanto disfrutaríamos de juguetes y naranjas mejores y más baratas. Y chinos y marroquíes mejorarán un poco su nivel de vida, muy por debajo del nuestro (fabricantes de juguetes y productores de naranjas incluidos)
En sociología, política y economía la capacidad de predicción del hombre es muy limitada. Hace poco oí decir a Rodríguez Braum, con cierta ironía, que los economistas saben con certeza que existe una burbuja económica sólo cuando estalla.
No soy optimista en relación con el futuro del mundo. Pero asumiendo los peligros del liberalismo y la necesidad de afrontarlos, mis temores no son estos sino los que se oponen a todo ello: fundamentalismos, nacionalismos, neomarxistas, neoecologistas, etc. Creo que en el fondo de todo ello está el sentido de pertenencia, la tribu, la necesidad de identidad. En definitiva, el complicado mundo emocional del homo sapiens. El poderoso sistema límbico que tanto se alimenta de esa diferencia y alteridad que señalas como el origen de muchos males. Lo que ocurre es que unos culpan a la diferencia y otros culpan al sistema límbico. No es baladí. Es como si al considerar una violación unos culpan a las provocativas formas y maneras que lucía la dama y otros al sujeto que se lanzó a la acción. En mi opinión el mal no es “las provocativas formas y maneras que lucía la dama” sino el sujeto que se lanzó a la acción. Es decir, el mal no es la diferencia, sino el puñetero sistema límbico y las emociones que suele generar: envidia, resentimiento, delirio persecutorio. Todo ello aderezado con astutos mecanismos de racionalización. Es decir, el hombre y su imperfecto mundo emocional. En ningún caso la solución es modificar las formas y maneras provocativas de la dama. Para generar todas esas emociones basta una mínima diferencia. Lo que provoca la cascada de emociones negativas no es la gran diferencia, sino la diferencia sin más. El hombre es un ser deseante. Y el deseo es estructuralmente cosa de tres (dos sujetos y un objeto). Y perdona que eche mano aquí de ciertas reflexiones psicoanalíticas (igualmente podríamos ilustrarlo con mitos, seguro que te vienen a la mente multitud de ellos). Como decía Lacan, mi deseo es siempre el deseo del otro. Es decir, deseamos algo no por que haya objetos en sí mismo deseables. Sino porque hay objetos deseados real o imaginadamente por otros. Actos seguido la óptica emocional agranda la diferencia del objeto, o incluso la inventa. Si quieres contemplar la tragedia del mundo emocional del ser humano solo tienes que contemplar la riña fraterna de dos gemelos por los juguetes regalados por papá. Papá tuvo especial cuidado en que los juguetes fuesen idénticos. Pero Pepito prefiere el de Juanito por que el de su hermano tiene una manchita que le hace diferente, es decir, mejor. A partir de aquí, la tormenta está servida.

Iñaki dijo...

El elemento esencial en el problema de la desigualdad no es el que aumente en sí, sino que al aumentar dificulta la movilidad social. La gente puede tolerar mejor la desigualdad si sabe que tiene oportunidades razonables de mejorar su propia condición y subir en la escala social, cuando esas perspectivas se pierden entramos en problemas. Eso es lo que está sucediendo en USA y es lo que preveo a más largo plazo en España.
Nosotros (los funcionarios clase A) estamos al otro lado de la barrera, sin vernos afectados por el mercado laboral, podemos contemplar con ecuanimidad el proceso. Yo sólo ahora empiezo a verlo con otros ojos, más simpatéticos, y preocupados.
A largo plazo preveo la extensión de la marginalidad entre las clases bajas, la creación de guettos, y me veo viviendo en una urbanización cerrada y con guardas de seguridad. Puede que no sea una mala vida, desde el punto de vista de nivel de vida, sólo que ahora la miro también desde los ojos de los que se pueden quedar al otro lado de la verja.

Jesús Palomar dijo...

En fin, Iñaki, espero y deseo que el mundo no camine hacia tal punto. No niego que exista ese riesgo. También yo creo que algo de intervención estatal no está de más en aras de la justicia y de la estabilidad (por si no ha quedado claro, mi defensa del liberalismo incluye a la socialdemocracia como elemento rectificador). No descarto del todo un nuevo Keynes, aunque desde algunos análisis sea asunto harto improbable. Lo sé. Pero puestos a realizar análisis realpesimistas, no subestimes el sistema límbico. Aún en el caso de que tu análisis y predicción fuese desgraciadamente acertada, esa urbanización cerrada en la que te ves, protegido vergonzantemente por guardas de seguridad, me temo que llegará antes de lo que tú mismo piensas, solo que quienes querrán tus males no serán los pobres de la tierra dolidos por su pobreza, sino los que se sienten menospreciados y humillados paranoicamente en su sobrevalorada identidad.
Egoístamente asumo los dos riesgos. Tanto para los pobres sin esperanza como para los enfermos de identidad, los funcionarios de clase A, junto con otros muchos afortunados occidentales, somos el enemigo a batir. Creo que la principal diferencia de nuestras posturas es donde ponemos la lupa del pesismismo y donde colocamos la siempre perversa semilla de la esperanza. En fin, el riesgo que tu señalas no es desprecieble, pero se paliaría con algo de justicia. Aquí nos movemos en parámetros racionales. Lo que se puede entender a veces se puede modificar. Sin pobreza y miseria el riego señalado desaparecería. Es improbable, de acuerdo, pero posible. Ahí sitúo yo la esperanza. Me agarro a los datos sobre la pobreza del mundo (datos y no hipótesis). Hoy hay menos pobres en términos absolutos y realtivos que hace 20 años. Un nuevo Keynes puede aparecer. Sin embargo, la amenaza islamista y otras similares no se producen por un déficit de justicia (problema difícil, pero atajable) sino por una herida narcisista en lo más oscuro y hondo del ser humano. El asunto es psicológico y no económico. Mi desesperanza deriva de que la psique humana es más compleja que la economía, y los psicólogos y psiquiatras me parecen unos pobres fracasados; apenas pseudocuras y enfermeros del alma. ¿Qué mueve el mundo, la economía o el espíritu? ¿Quién interpreta más correctamente la historia Marx, o quizá Hegel o Weber? Creo que tu clave interpretativa está más cerca de Marx. No menosprecies a los otros dos hermeneutas.
Finalizo esta inervención con una cita de “El perdedor radical”, librito de Hans Magnus Eszensberger, autor preocupado por las injusticias sociales en muchos de sus escritos. Y sin embargo profundamente preocupado por otras cuestiones. Lo cortés no quita lo valiente:
“Todas las explicaciones que incidan primeramente en la situación social de los actores criminales se quedan cortas. No sólo los jefes e ideólogos del terror provienen en su mayoría de familias influyentes y acomodadas, sino que incluso entre los ejecutores de los atentados los pobres están infrarepresentados. El Foreigh Policy Research Institute norteamericano ha publicado uno de los escasos análisis de clase sobre la cuestión... de los cuatrocientos militantes de Al Qaeda un 63% ha cursado el bachillerato y el 75% proviene del entorno de las clases media o alta; asimismo, hay entre ellos numerosas personas con estudios universitarios, como profesores, ingenieros, arquitectos y otros especialistas. De ningún modo se trata de los desheredados de la tierra”
Un saludo.

Javier dijo...

Hola, me incorporo, quizás tarde, a vuestra discusión. Habéis tocado muchos temas y aportado diferentes opiniones con las que coincido en mayor o menor medida. Más con las de Jesús, que con las de Iñaki, adelanto.
Las políticas económicas liberales no se presentan a menudo sin elementos ajenos a su ideario. Lo mismo se puede decir de las Keynesianas. Eso hace que sea a veces complicado juzgarlas. Lo que si creo es que el Keynesianismo quedó aparcado y desprestigiado tras la crisis de los 70, de la que muchos le hicieron responsable.
Creo también que el surgimiento de una amplia clase media es en Europa anterior a los años 50, aunque a partir de la segunda guerra asistimos a un periodo de crecimiento económico del que también salió beneficiada y ampliada. Crecimiento que en la Alemania de la posguerra fue debido a políticas económicas de corte liberal que dejaron en manos privadas parte importante del esfuerzo de reconstrucción. Tan bien salió que se conoce ese periodo como el “milagro alemán”.
La clase media española crece de forma importante durante otro “milagro”, desde finales de los 50 y a consecuencia de la introducción en la economía española también de medidas liberalizadoras.
Me parece fácil encontrar ejemplos que relacionen políticas económicas liberales y épocas de prosperidad. Prosperidad que siempre y en todo lugar ha acabado por beneficiar a toda la población, aunque haga aumentar más la riqueza de los más emprendedores.
De dos maneras, por las subidas salariales que la nueva situación permite, (al margen de situaciones coyunturales) y porque todos somos consumidores. Dato este importante y que a menudo se olvida, pensemos por ejemplo en el descenso espectacular del precio de bienes en sectores como el de los electrodomésticos, informática, vestido, automoción…que permiten que objetos que antes solo eran accesibles a las clases altas hoy día sean disfrutados por todos en las sociedades desarrolladas.
Lo que es lógico, pues la competencia, (y la globalización extiende esa competencia a todo el planeta) hace que cada productor se especialice en aquello que mejor y a menor precio produce. Nada del desarrollo tecnológico vivido hasta ahora, se explica sin la propiedad privada, la competencia y el libre mercado. No comparto la idea de la disminución de la clase media, al contrario creo que por ejemplo en España, y salvo en el mercado inmobiliario (en absoluto liberalizado), creo que es más la clase baja la que se aproxima a la media que al revés.
Que se producen desigualdades es claro, pero esa desigualad sería positiva para la sociedad, funcional como dijo el sociólogo Kingsley Davis. Y es que ese poder obtener más que los demás, hace que haya gente que este dispuesta a esforzarse, trabajar o arriesgar más que los demás. Y no es injusto porque ese mayor riesgo y esfuerzo lo puede hacer cualquiera, y la riqueza acaba fluyendo siempre de los menos a los más eficientes y esforzados. Y esa competencia no beneficia a ningún grupo o clase social en particular, sino que enriquece a los que más aportan a la sociedad, a los que más la benefician en su conjunto.
Por el contrario también sabemos a que conducen políticas de igualdad total: a la desmotivación, la baja productividad y a la pobreza en definitiva.
Creo que el intervencionismo del Estado en la economía, es hoy día poco defendido incluso por partidos de izquierda moderada. La política económica del Partido Laborista es un buen ejemplo. Porque, no solo se pueden defender políticas liberales por razones de eficacia y competencia, sino de justicia. ¿Acaso no es más justo poder dar más servicios al ciudadano a través de aquellas empresas más eficientes (siempre privadas) y no de las menos eficientes (públicas)? ¿No es mejor buscar la eficacia en el gasto para así disponer de más recursos para los desfavorecidos?
Si pensamos, por ejemplo, en lo que cuesta un puesto escolar en la enseñanza Pública y en la Privada (menos de la mitad) en España, nos deberíamos plantear si defender situaciones de privilegio de trabajadores del sector público es más social que ofrecer a los ciudadanos más y mejores servicios.
El liberalismo está contra cualquier tipo de privilegio, no lo busca para ningún grupo o clase, sino que establece unas leyes y normas iguales para todos y por medio de la propiedad privada, la libre competencia y el libre mercado, la sociedad a través de las decisiones de millones de consumidores premiará el trabajo y esfuerzo de quienes mejor la sirvan.
Esto no arregla todos los problemas, pero creo que es el sistema que más problemas arregla.
Un saludo

Iñaki dijo...

Hola Javier, bienvenido a las discusión
Primero de todo, no voy a discutir las bondades del liberalismo económico que enumeras, estoy de acuerdo, y mi crítica es desde la posición de un liberal convencido
Mi posición es que la globalización aumenta la desigualdad, haciendo disminuir la clase media, lo que me parece peligroso para la paz social. La réplica de Jesús es que la desigualdad es un mal menor si hay un aumento general de la riqueza, y que no constituye ningún riesgo social. Por tu parte, entiendo que niegas mi argumento principal, y que no se produce un aumento de la desigualdad. Debo contestarte que está estadísticamente demostrado tanto en USA como en Gran Bretaña, y en España. El efecto estadístico de la inmigración ayuda, pero aun sin él la proletarización de la clase media industrial española es un hecho.
Un apunte histórico, en España la clase media emrgió durante el tardofranquismo en un momento en el que el mercado laboral estaba tremendamente intervenido por una legislación restrictiva que mantenía los salarios relativamente elevados.

Javier dijo...

Hola Iñaki.
Es de todos conocida la desigualdad producida en sistemas económicos capitalistas, lo que no tengo claro es que haya aumentado esa desigualdad. En cualquier caso me parece evidente el aumento de la riqueza de las clases media y baja, lo que reduce bastante la conflictividad social que podría provocar la mayor riqueza de la clase alta.
De todos modos yo me pregunto si hay menos diferencias entre una familia de clase alta de principios de siglo XX (con sus criados, mansiones, carruajes, vestidos de lujo, viajes…) y una de clase media de esa época (sin vehículos, mansiones, fiestas o viajes), de las que se darían entre esas mismas clases en la actualidad. Me inclino por pensar que no. Hoy en día la clase media reproduce a pequeña escala hábitos, costumbres y modos de vida en otras épocas exclusivos de la clase alta: fiestas, viajes, vehículos, segunda residencia, comidas fuera de casa, vestimenta…Está claro que entre sus viajes, fiestas y vehículos hay una gran diferencia, pero no considero que esa brecha haya aumentado, más bien al contrario.
Puede haber estadísticas que con mayor o menor fiabilidad hagan referencia a que en alguna variable concreta la diferencia haya aumentado. Sobre la estadística ya sabéis aquello de que es una categoría distinta de la verdad o la mentira. Lo controvertido de las estadísticas no es el dato, que si ha sido obtenido de forma científica es indiscutible, sino lo que deducimos de él, que suele ser muy discutible.
También cuando hablo de que no veo esa proletarización, lo hago desde un punto de sociológico e histórico, no solo económico. Y desde ese punto de vista me parece al menos excesivo hablar de una proletarización de la clase media.
Por ejemplo, recuerdo que de niño las diferencias de clase se percibían de forma evidente incluso en la vestimenta. Hoy en día ese apreciación no se puede hacer o exigiría muchas más atención. Porque el precio de la ropa ha bajado de forma muy considerable. O el de los vehículos. Y esta realidad a menudo escapa a las estadísticas que bastante tienen con intentar pasar a euros de ahora las pesetas de hace 100años. Pongamos otro ejemplo. Una persona de clase media que a principios del siglo XX quisiera comprar una chaqueta, como las que vestía la clase alta, le podía suponer un esfuerzo de varios meses de trabajo (Cuando yo empecé a trabajar una chaqueta me suponía medio mes de trabajo) y en la actualidad pueden ser dos días de un mileurista o solo unas horas si la consigue en las rebajas. Esa es la realidad que en muchas estadísticas no se refleja, pero que define y marca las condiciones materiales de las clases sociales.
Tienes razón en que el “liberalismo” aplicado por los tecnócratas del franquismo también incluía políticas intervencionistas, pero aún así supuso una liberalización significativa de la economía anterior.
No sé exactamente a que te refieres con clase media industrial, si es a aquellos trabajadores del sector con media o alta calificación, es lógico que ese grupo disminuya al compás de la propia industria.
Un saludo

Iñaki dijo...

Hola Javier
La desigualdad en las sociedades desarrolladas disminuyó drásticamente a lo largo del siglo XX, por ello no veo inconveniente en aceptar tus ejemplos que muestran que a principios del siglo XX la desigualdad social era mayor que ahora; es a finales del siglo XX cuando vuelve a aumentar, primero en USA, luego en la órbita anglosajona, y ahora en el resto de Europa.
Veo que en cualquier caso te apuntas al argumento de Jesús de que el aumento de riqueza mitiga o difumina el problema del aumento de la desigualdad. El problema que veo yo es que la ideología dominante enfatiza la posibilidad de movilidad social y consumo creciente, variables que ya no tienen reflejo en la realidad de una clase baja en aumento. Edto puede provocar una frustración que anule el beneficio del incremento de riqueza objetivo, puesto que ésye ya no cumple las expectativas creadas.La gente se percibe a sí misma como de "clase media", como demuestran las encuestas del CIS, pero objetivamente hablando son de clase baja y no lo asumen.
Tienes razón en que el declive de la industria fuerza el de la clase media industrial, el problema es que no se ve sustituida por un equivalente en el sector servicios, donde los sueldos son mucho más bajos.
Por último, las estadísticas siempre hay que cogerlas con pinzas, pero en el caso de la desigualdad económica cualquier desviación es por defecto, porque las rentas del trabajo están mucho más controladas que las del capital. La desigualdad en España es bastante mayor de la que reflejan las estadísticas. Piensa que el sueldo medio en España es de 1.500 € netos.

ProfesoraMarisa dijo...

La economía da unas explicaciones a la realidad, que no dejan de ser teorías. La filosofía busca las razones para un mejor conocimiento de la realidad, no solo de los fenómenos. ¡Que buensa simbiosis para todo!