miércoles, febrero 06, 2013

LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA (1/2)


 Decía Orwell, quejándose de la ambigüedad del lenguaje político, que la mayoría de los términos políticos tienen varios signifi­cados diferentes que no se pueden reconciliar entre sí. Y que precisamente «En el caso de una palabra como ′democracia′, no sólo no hay una definición aceptada sino que el esfuerzo por encontrarle una, choca con la oposi­ción de todos los bandos. Se piensa casi univer­salmente que cuando llamamos democrático a un país lo estamos elogiando; por ello, los defensores de cualquier tipo de régimen pretenden ser democracias, y temen tener que dejar de usar esa palabra si se le da un significado». 
Porque pienso que el intelectual inglés tenía mucha razón intentaré dar significado a la palabra democracia a la que quiero referir este escrito. Es ciertamente una palabra polisémica. Los países comunistas del este de Europa se autodenominaban democracias populares y también se consideraban democráticos los países de la Europa occidental. Los planteamientos políticos de Rousseau y de Locke o Montesquieu pretenden definir la democracia. La Atenas de Pericles presumía de ser una democracia y también lo hacen los modernos EE.UU. Sin embargo la política de la Alemania democrática nada tenía en común con la propia de la Alemania federal. Los planteamientos filosóficos de Rousseau y Locke pasan por ser antagónicos en sus aspectos esenciales. Y la antigua democracia ateniense poco tiene en común con la moderna democracia norteamericana. ¿Hay una verdadera democracia? No entraré en cuestiones nominalistas. Y para evitar confusión considero oportuno nombrar las distintas democracias con un apellido diferenciador que evite la ambigüedad de su manido nombre de pila. Convengamos pues que hay democracias populares, democracias asamblearias, democracias orgánicas, democracias antiguas, democracias liberales y quizá algunas más. Elijan ustedes cuál es la “verdadera”. Pero este escrito se centrará fundamentalmente en las modernas democracias liberales propias del mundo occidental.
A mi entender las características fundamentales de las democracias liberales son tres:


sábado, enero 12, 2013

SANTIAGO ALBA Y LAS PIRÁMIDES DE EGIPTO

Entre los numerosos escritos publicados sobre la nueva política educativa del ministro Wert se encuentra el artículo de Santiago Alba Rico titulado “¿Derribamos o no las pirámides de Egipto?” El escrito me parece paradigmático. En el sentido que muestra el tono de la mayoría de las críticas a la nueva política educativa que pululan por los medios de comunicación y, por ende, en la red. He creído conveniente hacer un somero comentario sobre él, que a continuación expongo. 

El ensayo confunde la educación con la instrucción (enseñanza).

Es la familia el primer agente educador de la sociedad. Claro que una familia puede educar mal. Pero también puede educar mal un estado. ¿Por qué presuponer en el estado unas perfecciones, aciertos e infalibilidad que no se dan en ninguna instancia de lo real? Más allá de la familia, debe educar (y de hecho educa) toda la sociedad. Desde el señor que deja el asiento a una embarazada en el metro al profesor que se comporta adecuadamente en clase. Definir a la familia como “ese consenso afectivo privado”, es desde luego un exceso ideológico que debería ser justificado en un escrito que pretenda cierto rigor. Sin familia no hay verdadera sociedad, y lejos de ser una instancia puramente privada, es la instancia básica que construye la misma sociedad civil. Contraponer familia a sociedad es tan absurdo como contraponer las moléculas de agua al agua mismo. Hannah Arendt, politóloga citada por el autor, nos recuerda en su fino análisis de las sociedades totalitarias que el primer elemento que desaparece de éstas es precisamente la familia. No es casualidad. Rompiendo las moléculas familiares, destruimos la sociedad civil. Tenemos solo un conjunto de átomos individuales e indefensos que dependerán económica, profesional y emocionalmente del poder estatal. Aristóteles, tan admirado por Arendt, advierte que la unión de varias familias (no de varios individuos) es lo que constituye la aldea, y el conjunto de aldeas dotadas de ley constituye el Estado y, por ende, la sociedad. 

sábado, diciembre 15, 2012

SIN FILOSOFÍA


El ministro Wert planea la supresión de la Ética y la reducción de clases de Filosofía en la Enseñanza Secundaria. Soy profesor de Filosofía y hace algunos días que compruebo que muchos de mis colegas no paran de lamentarse. Pero no se preocupe, señor ministro. No, no le voy a dar más el tostón. Todo lo contrario. Es que no llego a entender a qué viene tanto pesimismo. He pensado un poco. Y he llegado a reveladoras conclusiones que demuestran lo injustificado de estos llantos. Prescindir de la Filosofía en Secundaria es cosa buena. Al fin y al cabo todos sabemos que la Filosofía no sirve para nada. Lo había escuchado muchas veces sin querer admitirlo, pero estaba equivocado. Esta misma mañana lo he constatado empíricamente. Se me averió el coche. Puse la Crítica de la Razón Pura con sobrada fe racional encima del capó, y nada. Seguía averiado, o peor. Al contacto del libro con la chapa, se cayó el retrovisor. No es útil la Filosofía, desde luego que no. 

viernes, noviembre 30, 2012

SIN GRIEGO (video)




(Gracias por la lectura del artículo en catalán-mallorquín por alumnos del IES Algarb de Ibiza. Me encanta cómo suena. Y gracias también a Rogelio por su simpática lectura del artículo en la Universidad de Murcia)


Filólogos son los que enseñan la lengua de Homero. Y, sin embargo, filólogos son también los enamorados de las palabras. Y es cosa sabida que amar las palabras es la básica condición para pensar correctamente o escribir un hermoso poema de amor.

Pero sin la lengua griega, el filósofo y el poeta que todos llevamos dentro tendrían la embarazosa tarea de inventar otra palabra más precisa que ‘idea’ con la que pensar ideas. Y otra más bella para decir poema. 

Sin nociones de griego, aunque seas Nobel de Física, ignorarás que dividir un átomo es imposible. Siendo un carismático parlamentario o un meticuloso gramático, desconocerás que cuando dices monarquía, utopía, democracia, metáfora o alegoría estás hablando en griego sin saberlo. Podrás ser un respetado biólogo que almacena en su memoria el nombre de todos los animales, pero te costará entender que un cefalópodo tiene el cerebro en los pies. Si tu vocación es la cirugía, deberás buscar en el diccionario qué es una histerectomía. Y aun siendo medallista olímpico, no sospecharás que un gimnasta vestido es una contradicción o que la verdad desnuda es una redundancia.


sábado, noviembre 03, 2012

NACIONALISMO

El término nación es un universal con al menos dos significados distintos. Desde la sociología política se consideran paradigmáticos al respecto el nacionalismo francés y el nacionalismo alemán, tal como se desarrollan durante el siglo XIX. Para los franceses la nación es un concepto construido que en última instancia se refiere a cada uno de los individuos concretos que la forman. Así pues, la nación francesa es el conjunto de los ciudadanos franceses. ¿Quiénes son estos ciudadanos? Aquí es donde entra el mecanismo abstractivo y la convención. Es francés aquel que tiene las cualidades comunes propias de los franceses. Como esta definición circular es poco esclarecedora, y quizá podría haber un francés que no nació en el territorio francés o no habla francés o no tiene el aspecto de la mayoría de los franceses, entonces se recurre a la convención: el rasgo fundamental para ser francés es querer serlo. Sin embargo, para algunos alemanes del siglo XIX la nación es un universal que existe realmente. Es decir, es una esencia, un Volksgeist, un espíritu que transciende a cada uno de los individuos que la constituyen. Se es alemán naturalmente, aunque no se quiera, si se participa de la nación alemana; como un árbol lo es por participar de la Idea de árbol en un mundo celeste, que diría Platón. 

lunes, octubre 15, 2012

EL MUNDO DE HOY

Tengo ya una edad en la que las veleidades rousseaunianas han dejado de ser tomadas en serio a fuerza de topar con la realidad. Y a regañadientes doy cada vez más la razón a Hobbes. Permítaseme ser pesimista. Poco ayuda. Lo sé. Pero menos aún el optimismo infundado o el vano voluntarismo. De nacionalismo hablamos. Catalán o vasco, tanto da. 
Recuerdo el estupendo libro de Stefan Zweig “El mundo de ayer”. Recuerdo como hablaba de la Viena del imperio austrohúngaro. Un mundo sólido, de apariencia inquebrantable. Idéntico al de sus padres y abuelos donde la promesa de la continuidad tranquila se respiraba en cada instante. Luego, la Gran Guerra. Y después, la segunda gran guerra. En apenas 40 años cambió el escenario. Y entre tanto, ocurrieron muchas cosas. Casi todas horribles. Muchos dicen que Europa murió en el proceso. Vivimos nosotros de sus ruinas. El hombre normal no sabe que todo es posible, dice David Rousset. Y nosotros, hombres y mujeres de la primera mitad del siglo XXI , deberíamos asumir el deber de no ser hombres normales. Todo es posible, sí. Incluso lo peor. 

domingo, septiembre 30, 2012

ALEGORÍA DE LA CAVERNA (VIDEO)



Si después de ver el video te apetece ver la segunda parte de la Alegoría de la Caverna (la explicación de su simbología), te recomiendo pinchar en el enlace.

El libro VII de la República comienza con la exposición del conocido mito de la caverna, que utiliza Platón como explicación alegórica de la situación en la que se encuentra el hombre respecto al conocimiento, según la teoría explicada al final del libro VI.

  Alegoría de la caverna

I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.

Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?

martes, septiembre 04, 2012

FILOSOFÍA Y PUBLICIDAD 2


Concretemos. Se trataría de una campaña publicitaria que fomentase genéricamente la lectura (algo que ya se ha hecho) y más particularmente la filosofía. La innovación del proyecto, y también lo irónico del mismo, sería que el publicista tendría que hacerlo a partir de los anuncios publicitarios existentes. Esto es, intentar que anuncios reales, hábilmente manipulados, anuncien otra cosa, a saber: la lectura y la filosofía. La cuestión  final es saber si el medio es eficaz para alcanzar el fin, que en cierto modo incluye desconfiar del medio, o si como decía McLuhan, el medio se convierte en el mensaje. Confiemos en que McLuhan se haya equivocado. Al menos en este caso.

Empezamos el juego:

Filosofía y publicidad por f1328945291

FILOSOFÍA Y PUBLICIDAD 1


La visión impolutamente racional del ser humano ha estado vigente durante toda la historia de Occidente. Y el Siglo de las Luces fue su apoteosis. Sin embargo empieza a flaquear con las agudas reflexiones del irreverente Schopenhauer y su insigne discípulo Nietzsche. Pero será Freud el gran revulsivo. Freud nos advierte del riesgo de menospreciar el aspecto deseante del ser humano. No es algo meramente tangencial, sino constitutivo. Deseamos más de lo que la razón sospecha, y a menudo seguimos deseando cuando creemos pensar racionalmente.

En los años cincuenta Edward Bernays, el sobrino de Freud, lleva el diván de su tío al salón de los publicistas. Se trata de utilizar el conocimiento freudiano para hacer más eficaz el mercado. La cuestión no es la oferta y la demanda. Al menos no solo eso. El objetivo es descubrir el deseo inconsciente de los consumidores. Los consumidores son más propensos a comprar lo que desean que lo que necesitan. ¿Pero qué desean? Bernays y sus psico-publicistas se ocuparán de descubrirlo. Y si no, de crearlo. La publicidad y los hábitos de consumo sufren entonces una revolución.

La publicidad es inherente al mercado y no son los publicistas ni los mercaderes los que convierten a un ser impolutamente racional en deseante. No somos puro deseo, pero es evidente que tampoco somos pura razón. Ahora bien, ¿y si jugamos a utilizar el instrumento publicitario en un sentido opuesto a su uso habitual? En cierto modo, esto ya se hace a veces. Utilizar la publicidad para un fin “bueno” y admitido socialmente. Campañas para prevenir accidentes o evitar el maltrato a la mujer, por ejemplo. La cuestión que habría que dilucidar es cuánto de grande es nuestro deseo consciente o inconsciente de lograr tales fines. El publicista debería entonces fomentarlo. ¿Y si resulta que no hay ese deseo en lo más hondo de nuestro ser y todos estamos dominados por un insaciable tánatos? El publicista tendría que crearlo. Después de todo esto es parte de su oficio. Quizá la parte más maquiavélica.