martes, julio 25, 2006

MARXISMO Y NACIONALISMO IDENTITARIO (o de la praxis)



Para Aristóteles existen tres tipos de saberes: los productivos, que pretenden conocer cómo se pueden construir ciertos artefactos; los saberes éticos y políticos, que pretenden conocer cómo se debe regular la conducta de los seres humanos para alcanzar la felicidad, y los saberes teóricos, que no tienen otra finalidad que el conocimiento mismo.
Los saberes productivos son los tecnológicos y artesanales, es decir, la techné; los éticos y políticos vienen a sintetizarse en la prudencia o phrónesis, y los saberes teóricos constituyen la sophía o sabiduría propiamente dicha.
La sophía no remite a ninguna acción. Es un saber que se agota en sí mismo. Pero la techné y la phrónesis remiten a dos tipos diferentes de acción. La acción dirigida por la techné se denomina poiesis, y desemboca siempre en un artefacto. Pero la acción orientada desde la phrónesis no revierte en objeto material alguno, sino en preceptos que vienen a reorganizar las relaciones entre los hombres para su propio bien. Este tipo de acción se denomina praxis.
Para Aristóteles los saberes fundamentales constituyen tres líneas paralelas que no se comunican entre sí, al menos en lo fundamental. La prudencia, que pretende pensar adecuadamente para organizar la sociedad, no ha de recurrir a la sabiduría teórica, que es un saber contemplativo sin aplicación alguna, sino a la propia experiencia. De tal modo que conociendo las diversas maneras en las que el hombre ha organizado la sociedad, es posible hallar la menos mala, o al menos reconstruirla a partir de los retales de las formas políticas que la experiencia me da.
La concepción del conocimiento que tiene Platón es bien distinta. El conocimiento es un todo integrado y piramidal, donde el individuo que conoce va subiendo peldaños hasta llegar al último y más excelso: el conocimiento político. Sólo el que ha culminado con éxito este proceso es verdaderamente sabio. El sabio en política lo es porque antes agotó los conocimientos éticos, y pudo ser sabio en estos saberes porque previamente era un experto matemático. Además, para Platón todo verdadero conocimiento es teórico, también lo es el político. No obstante, es el sabio político el que tiene la difícil tarea de organizar con justicia la sociedad y también de gobernarla. La teoría política ha de convertirse entonces en praxis. Para Platón la praxis no se inspira en la experiencia, sino que intenta traer a la realidad sensible el modelo político perfecto que la razón ha llegado a descubrir en el topos uranus, es decir, en un lugar celeste que no tiene igual en el ámbito empírico. El modelo ideal es inamovible y, por principio, ninguna experiencia sensible puede ni debe modificarlo. Más bien debe ocurrir lo contrario, es el modelo ideal el que debe orientar el cambio en el mundo que vemos y tocamos. Dado este planteamiento, si no hay un acoplamiento armónico entre el ideal celeste y la grosera realidad sensible, la culpa es siempre de la segunda. Sólo ella ha de ser cambiada. Es decir, si no somos lo suficientemente delgados para entrar en el perfectísimo esmoquin que se exhibe en el escaparate celeste de las Ideas, tendremos que adelgazar. No hay más remedio. En lugar de ir a un sastre para que nos haga un vestuario a medida tendremos que ir al gimnasio. Platón ha convertido así el escaparate y el espejo en irreconciliables enemigos. No obstante, esta tormentosa relación que se suele dar entre theoría y praxis, sólo es concebible en planteamientos platónicos del mundo y, por ende, en concepciones utópicas de la sociedad.
Si trasladamos el problema al ámbito de la techné resultaría que, para construir un automóvil, Platón actuaría como un ángel al que un misterioso espíritu le sopla al oído los inimaginables secretos del coche ideal, rechazando así de antemano el penoso trabajo de examinar el imperfecto y vasto parque móvil. Justamente lo contrario de lo que haría Aristóteles, experimentado chatarrero que con las manos manchadas de grasa pretende construir el mejor coche posible aprovechando las piezas que encuentra en el desguace. Los métodos son tan dispares como irreconciliables: revelación mística versus ensayo y error. ¿A quién de los dos le encargamos el coche? ¿Y la organización social?
Marxistas y nacionalistas identitarios tienen mucho de platónico. Ahora bien, mientras que los planteamientos marxistas y nacionalistas parecen ofrecer diferencias esenciales en el ámbito de la theoría, la praxis política tiende, sin embargo, a eliminarlas. Aunque buscar lo mejor para mi nación no es buscar el bien para la humanidad, en la práctica se pone de manifiesto una fundamental coincidencia: ambos propósitos implican una sobrevaloración de lo colectivo y un menosprecio de lo individual. Nación versus Humanidad se revela entonces como un falso antagonismo que tiende a ocultar otro más real e irreductible: individuo versus colectivo (ya sea éste Nación, Humanidad o cualquier otro), donde ambas ideologías constituirían un mismo bando y estarían enfrentadas a las concepciones propias del liberalismo político. Asimismo, ambas ideologías persiguen un poder omnímodo para imponer una ley que se considera justa universalmente o acorde (y por tanto conveniente) a la identidad de la nación concreta. Por tanto, el conjunto de individuos que se consideran nación, en un caso, y proletariado, en otro, han de constituirse en un Estado. Y ambos Estados, aunque justificados por diferentes vías, tienden siempre a comportarse de manera parecida. Así pues, el Estado nacional de carácter identitario y el Estado marxista, tienen una proyección dictatorial y una inercia a la expansión. En el ámbito nacionalista el afán dictatorial se justifica desde una perspectiva religiosa: la fidelidad al espíritu del pueblo exige siempre la observancia del precepto. Los ciudadanos (quizá súbditos) se deben someter a la Ley igual que los monjes se someten a la regla, por bien del espíritu y en aras de una verdad objetiva sólo alcanzable por unos pocos a través de caminos indescifrables que colindan con el misticismo. En los planteamientos marxistas el poder dictatorial es justificado desde la universalidad de la razón y la verdad objetiva que de ella se desprende. Esta verdad ha de ser enseñada o, si resulta oportuno, impuesta. La tendencia expansiva de los Estados nacionalistas y marxistas también se justifica desde discursos distintos. Desde la postura marxista se habla de internacionalismo, desde el nacionalismo de imperialismo. Conceptos muy diferentes que esconden a menudo conductas muy similares.
De modo que nacionalistas y marxistas defienden de hecho un Estado poderoso, aunque lo respalden desde distintos discursos.
El Estado marxista y el Estado nacionalista, nunca sometidos a verdadera crítica, viven con el continuo riesgo de convertir su poder, inspirado en la razón o el espíritu, en un poder arbitrario y loco. Pues a menudo la presunta universalidad de la razón actúa en el ámbito marxista como una coartada para imponer una ideología no universalmente aceptada por todo ser racional. Y en el ámbito nacionalista la perversión se da más explícitamente pues el caudillo, debidamente iluminado, es el único medium capaz de descifrar el enigmático espíritu del pueblo de donde surgirá la Ley que habrán de obedecer y respetar los demás compatriotas. Ni marxistas ni nacionalistas consideran su ideología sujeta a crítica o conjetura, pues se trata de ciencia y revelación, respectivamente, y por tanto de incuestionable verdad. Aunque unos y otros anhelan el poder como medio para una causa más o menos respetable (en cualquier caso discutible), finalmente asumen en muchas ocasiones el poder como fin, y los argumentos pseudoilustrados de los marxistas o las especulaciones más o menos religiosas o metafísicas de los nacionalistas acaban por convertirse en meras racionalizaciones freudianas que tan sólo pretenden justificar, con bellos y emotivos discursos, la mera voluntad de poder yacente en todo sujeto y no siempre reconocida.
Ahora bien, si la historia y la inteligencia sirven para algo, después de las palabras de Nietzsche y de los hechos desencadenados por Hitler y Stalin, tenemos el deber de sospechar de nuestras buenas intenciones y, tras cada anhelo de imposición dogmática a los otros para llevarlos al bien, deberíamos preguntarnos si no es menos malo un mundo sin salvadores que quieren llevarnos a todos al cielo al son de la música de la razón o del espíritu, según el caso, que con ellos. Pues los iluminados de la Justicia y de la Nación, como flautistas de Hamelin, nos han llevado demasiadas veces al precipicio. Idealistas enamorados locamente de la Humanidad o de su Nación no suelen dudar mucho a la hora de infligir males concretos a las personas de carne y hueso.
Jesús Palomar Vozmediano

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Nada que objetar, salvo que ese liberalismo, cuya defensa subyace en el fondo de este artículo, es el culpable de millones de muertos al dejar en manos de desaprensivos los recursos alimenticios y energéticos de gran parte de la población mundial.
Nota. "Infligir" castigos o penas, no "infringir".
Un saludo,
Alberto

Jesús Palomar dijo...

Un saludo Alberto. Encantado de que visites mi blog, que es también el tuyo.

En el artículo no hago una defensa en positivo del liberalismo. Resalto una coincidencia de hecho en los desarrollos de los planteamientos marxistas y nacionalistas identitarios. Y digo que ambos, que suelen declararse enemigos explícitamente, tienen como enemigo real al liberalismo político.

No hago otra cosa que retomar la clasificación de Popper cuando habla de que existen sociedades cerradas (el paradigma es Platón) y sociedades abiertas (pluralismo político que tiene en cuenta las libertades individuales). Acto seguido hago una somera crítica de las sociedades cerradas. Y en cierto sentido esto implica una preferencia por las sociedades abiertas. En tal preferencia no hay entusiasmo. Solo la constatación de que son menos malas, atendiendo a las consecuencias, las sociedades abiertas que las cerradas. Hoy por hoy el liberalismo político está unido a la forma política democrática. Por lo tanto optar por el liberalismo político, con mayor o menor intervención estatal, es optar por la democracia. No obstante, no digo que tal opción sea la perfección misma.

Por otro lado, no hay en tu intervención argumento alguno. Solo una denuncia abstracta. Deberías concretar esta denuncia y desarrollar coherentemente la relación causa efecto de la tesis que subyace en tu intervención. Hasta donde yo sé, desde que ciertos “desaprensivos” han dejado de intervenir en las políticas económicas de China e India, por ejemplo, ambos países se han disparado hacia el desarrollo. Hoy día en términos porcentuales y absolutos hay menos miseria en el mundo y la gente vive mejor que hace 20 años, por ejemplo. La razón de ello no es, evidentemente, la generalización de sociedades cerradas por el mundo. Más bien es lo contrario.

Nota: Ciertamente “infringí” una norma ortográfica. De modo que asumo la reprimenda que me “infliges” a modo de resignada pena. Gracias por la observación. Paso a corregir el término de inmediato.

El Filósofo Impaciente dijo...

Alberto, te confundes del todo, tal vez motivado por los prejuicios o por la falta de información o no sé bien por qué. Que culpes al liberalismo de que haya millones de muertos en el mundo es una chorrada de tan enorme calibre que afirmarla sólo puede deberse a la ignorancia más supina. Hablas de que existen desalmados, es verdad, pero lo que es curioso es que culpas al liberalismo -así, sin más- de su actividad inmoral que produce todos esos millones de muertos de hambre que dices. Desalmados los hay siempre, en cualquier contexto. El libre mercado no escapa a los delincuentes de guante blanco, ni mucho menos. De lo que se trata es de que haya leyes para ponérselo difícil. Esos desalmados que producen tanta pobreza, según tú dices, existirán no por el libre mercado sino porque hay determinados gobiernos que lo permiten, que miran para otro lado. Aunque, por supuesto, el libre mercado no es un sistema idílico en el que no haya determinados intereses sucios.
La realidad es bien distinta, pienso yo, aunque parezca un sacrilegio decirla en este tiempo en que se impone el discurso de taberna. El libre mercado, que cada vez se critica más, es aplicado cada vez en más países con éxito -China, India...-. Gracias a este sistema que es imperfecto, sin duda, las bolsas de pobreza de la población mundial están descendiendo según las estadísticas de la sacrosanta ONU; tal vez pudiera objetarse que podría hacerse más rápido, es posible, como dicen Ramonet y otros gurús de la antiglobalización, pero cada vez, querido Alberto, hay menos pobres.
Por otro lado, y dado que has hablado de millones de muertos por hambre, habría que recordarte que el sistema que se lleva la palma en este macabro récord es el comunista. En los países comunistas, los muertos por hambre -bien como síntoma de fracaso del propio sistema, bien como arma de guerra- ha sido una constante. Por eso, no se trata aquí de algunos desalmados, sino de que el propio sistema lo propiciaba allí en donde se aplicaba, desde la Unión Soviética a la China de Mao, pasando por Etiopía, Corea del Norte... Lee y lo comprobarás.

Anónimo dijo...

Mi primera intervención estuvo motivada por un simple error en la redacción, ni siquiera encontré en el artículo nada con lo que estuviera en desacuerdo, simplemente aventuré una cierta complacencia del autor con una determinada ideología.
Los sistemas cerrados conllevan el mal en sí. El liberalismo, personificado en la democracia, no escapa al mal, pero éste sólo se da como consecuencia de un defecto del sistema, excelente argumento para la autojustificación.
Reconozco que prefiero el individuo a la colectividad. Esto me convierte en enemigo de los sistemas cerrados. Sólo puedo pretender ser aceptado en un sistema liberal que reconozca mi individualidad, que me respete tal como soy. El problema surge cuando ese sistema, que está configurado con arreglo a las conveniencias de los poderes fácticos (léase hoy en día económicos), impide cualquier reforma. Hemos de suponer que la voluntad de los ciudadanos ha de ser suficiente para la reforma de las reglas del juego, pero tendríamos que ser muy ingenuos para creer que esto podría llegar a suceder. En primer lugar, porque ninguno de los partidos presentes en el parlamento se arriesgaría a un cambio que les dejara sin financiación, por ejemplo; o porque la circunscripción única en las elecciones supondría una reducción drástica de los partidos nacionalistas; o porque en la distribución de los espacios publicitarios todos fueran considerados de la misma manera podría provocar cambios inesperados; o porque el control del dinero… Desde dentro no hay cambio posible si no es con la aquiescencia del poder financiero, y éste, como es lógico, no permitirá ninguna aventura que no redunde en su propio beneficio. ¿No nos lleva todo esto a considerar el liberalismo como otro de los sistemas cerrados?
La razón era el argumento del marxismo, el espíritu el del nacionalismo, la economía el del liberalismo. Me adscribo a éste por la preferencia arriba señalada, pero me avergüenzan tanto sus consecuencias como a un marxista los crímenes de Stalin.
No puedo dejar de hacer una alusión a China. Que se ponga como ejemplo el régimen de un país que ostenta el record de violaciones de los derechos humanos por el simple hecho de que ahora permita el libre mercado no deja de sorprenderme. Un régimen que no ha dado muestras de ningún cambio político, donde la represión de la libre expresión, (sobre esto habría que hablar: libertad económica vs. libertad individual, y el papel de las empresas occidentales de vanguardia plegándose a la censura para conseguir cuota de mercado), de la libertad de culto, de la libertad de asociación, de la libertad en sí, salvo para vender y comprar es la tónica general. Donde las ejecuciones públicas con un tiro en la nuca sirven para escarmiento, pero no nos engañemos, también como espectáculo, para el pueblo. Que los asesinos de Tiananmen se conviertan en ejemplo de los teóricos liberales occidentales por una simple decisión administrativa supone un amargo trago para aquellos que quieren beber del manantial democrático. Cuando los logros económicos se convierten en argumento, el amargo ejemplo chino implicaría que el régimen de Castro fue bueno mientras contó con el apoyo soviético… Y los gobiernos liberales de El Salvador, Guatemala, Honduras, etc. fueron realmente nefastos.
Desde un punto de vista teórico podríamos estar de acuerdo, pero viendo los ejemplos que se proponen…
Nota.- Reconozco mi propia ignorancia y no puedo sustraerme a los prejuicios, por eso quisiera que ese filósofo impertinente, perdón impaciente, leyera esta cita de Adorno:
“Lo único que responsablemente puede hacerse es (…), conformarse en lo privado con un comportamiento no aparente ni pretencioso, porque como hace tiempo reclama ya no la buena educación, pero sí la vergüenza, en el infierno debe dejársele al otro por lo menos el aire para respirar.”
Alberto

Javier dijo...

Yo creo, discrepando de Alberto, que el argumento del marxismo, como el dice, está más en la igualdad que en la razón. Una igualdad, no ante la ley que defiende el liberalismo, sino fundamentalmente económica, porque en otros aspectos de la sociedad la rígida jerarquización es más que evidente. Igualdad que se cumplía basicamente para los gobernados (Los que son más iguales que otros, que diría Orwell), pues las diferencias con los gobernantes eran también llamativas en lo económico. El liberalismo creo que se fundamenta más que en la economía, como sostiene Alberto, en la libertad. Y esta cuando se aplica a la economía supone el reconocer a los individuos la libertad de emplear su esfuerzo en aquello que les parezca más deseable, permitiendo que se beneficien de los frutos de ese trabajo, con la convición de que cuando este se realiza en las debidas condiciones de libertad ( es decir de competencia )el ánimo de lucro individual será bebeficioso para el individuo y para la sociedad. Alguien puso el ejemplo del panadero socialista y el capitalista. El que hace pan en las sociedades comunistas, hace pan por el bien de la colectividad, pero al no obtener ningún beneficio por su esfuerzo,la cantidad y la calidad del mismo son muy bajas. El panadero de las sociedades capitalistas elabora pan para obtener un beneficio personal, pero el pan lo hace a menor precio, en máyor cantidad y con mayor calidad, porque haciendolo así venderá más y obtendrá más beneficios. De esta manera se enriquece él y enriquece también a la sociedad a la que pertenece. Este ejemplo sencillo ayuda comprender la principal razón del fracaso de los regímenes socialistas y el vigor y la pujanza que desde siempre han mostrado las sociedades que saben aplicar los principios de una economía liberal.
Coincido en las críticas que hace Alberto al regimen chino, pero Jesús no lo defiende, se limita a constatar que desde que en China no se aplica el marxismo, sino políticas economicas liberales, el bienestar material y la riqueza del país han crecido espectacularmente. Desde otros ambitos politicos y sociales el regimen chino es condenable como lo pudo ser el de Pinochet o el de Franco, pero reconociendo que aunque ahora padecen opresión política, estan mejorando de forma considerable sus condiciones de vida, lo que sin duda es mejor que situaciones como la de Cuba o Corea del Norte en donde sufren una brutal represión política y social y además una severa pobreza material.
Creo que es muy erroneo afirmar que aplican políticas liberales todos aquellos sistemas políticos que no son o eran socialistas o comunistas. Muchos países en America Latina han padecido gobiernos populistas, corruptos, ineficaces, que no garantizaban ni la libre competencia ni la seguridad necesaria para que la economía pueda funcionar minimamente. Su fracaso no es pues un fracaso del liberalismo, sino de sistemas politicos incapaces de organizar ordenadamente la sociedad, con estabilidad, seguridad jurídica, leyes iguales para todos etc...
El liberalismo economico tambien requiere para poder desarrollar sus virtualidades sociedades organizadas, estados estables y no fallidos, por emplear el termino de Fukuyama.
En definitiva , creo que las sociedades democraticas, liberales y abiertas deben mucho más a Aristoteles, a su prudencia y a su recomendación de avanzar lentamente basandose en las enseñanzas que aporta la experiencia, que al idealismo y utopismo de Platón, que han recogido ideologías revolucionarias y que tantas catastrofes sociales ha ocasionado.

Jesús Palomar dijo...

Bienvenido Javier.

Saludos Alberto. Creo que Javier te contesta muy acertadamente. Pero no me he podido resistir a escribirte algunas palabras, aun pecando de ser redundante.

Cito la diferenciación de Popper: sociedades abiertas y cerradas, para evidenciar que no toda forma política es lo mismo, no para decir que una es perfecta y la otra la imperfección. Esta diferencia, una vez admitida, posibilita un juicio, una preferencia (aunque sea bajo mínimos). Pero, querido Alberto, tú insistes en borrar todo límite.


Expresas tu preferencia por las sociedades abiertas. Luego pasas a enumerar los errores de las llamadas sociedades liberales (lo haces tendenciosamente y sin esforzarte en matizar) . Das a entender que estos errores (injusticias) son consustanciales a tales sociedades. Finalmente das un pronóstico: es imposible que estos errores dejen de existir. Conclusión: las sociedades llamadas abiertas son también cerradas. Todas las sociedades son cerradas. Ergo son igualmente malignas (la injusticia que conllevan es pues equivalente, nos encontramos entonces en la situación del asno de Buridán que se muere de hambre al no haber una razón para elegir un montón de paja entre dos exactamente iguales). Es decir, da igual una u otra. Se acabó entonces la discusión.

Dado este paso, tu crítica debería ser ontológica o antropológica, y en absoluta política. Es decir, que el mal y la injusticia del mundo se debe al mundo en sí, a su constitución; o bien a la naturaleza puñetera del hombre. La vergüenza, ese sentimiento moral en el que pones tanto énfasis, debería provenir de la propia existencia humana, más que de éste u otro sistema político. Es decir, puesto a ser protestón deberías ser Cioran y no Sartre, ¿me explico?

Quizá no es esto lo que querías decir. Quizá quieres decir que ambos tipos de sociedades son injustas, pero no igualmente injustas (no injustas en el mismo grado). Te pido entonces que me digas cuál te parece menos mala. ¿Es mucho pedir que me des una respuesta que yo pueda entender? ¿o volverás a la retórica?

La razón es el argumento del marxismo en el sentido de coartada autojustificativa. Pero evidentemente el marxismo no es racional, no es ciencia. Como diría el propio Popper, no es falsable. De hecho, marxismo y nacionalismo funcionan social y políticamente como religiones. El argumento del liberalismo no es la economía, es la libertad. Popper afirmó una vez que al optar por la libertad, se opta por un valor. El hecho de que en las sociedades donde hay más libertad se genere más riqueza y bienestar es solo una feliz coincidencia. Si no se diese esa coincidencia, afirma Popper, seguiría prefiriendo la libertad.

Si a alguna ideología se la puede definir como economicista es, precisamente, al marxismo. Es la economía la verdadera realidad. Lo social, político e ideológico es solo consecuencia de ella. A veces se nos olvida este matiz, precisamente porque el marxismo y en nacionalismo funcionan como una religión, como dije, no como ciencia. En palabras de Raymond Aron, el marxismo es poesía épica y el liberalismo es prosa. Por eso es más fácil que un joven se adhiera al primero que al segundo. Ofrece aventura y poesía. Su propaganda va al corazón, no a la cabeza. ¿Pero no era ciencia?

Dices que te avergüenzas de las injusticias que señalas de las sociedades abiertas(siendo tú liberal) del mismo modo que un comunista se avergüenza de los crímenes de Stalin. Hay aquí una sucinta equiparación de males. En lo que respecta a Stalin, las muertes masivas y premeditadas que provocó son equiparables en crueldad a las de Hitler. En número las sobrepasa con creces. No sé cuales son las consecuencias tan nefastas de las sociedades abiertas, aunque me imagino cuales piensas tú que son. Por otro lado afirmas que tu vergüenza como liberal (una manera muy sucinta de colocarte en superioridad moral y poner en evidencia tus prejuicios: es decir, que aquellos que se definen como liberales deberían avergonzarse y no lo hacen, en cambio tu sí) es semejante a la vergüenza de un comunista en relación con los crímenes de Stalin. No conozco a ningún comunista lúcido y honesto que se avergüenze de los crímenes de Stalin y siga siendo comunista. Si es lúcido se habrá informado de los crímenes de Corea del Norte, de Cuba, etc., y si además es honesto consecuentemente habrá dejado de ser comunista. Comunistas no lucidos y/o no honestos, sí. Aquellos que a partir del conocimiento de los crímenes de Stalin empezaron a llamar a la URSS capitalismo de Estado, y empezaron a defender a Mao, y así ad infinitum.

Por último, no es un planteamiento adecuado afirmar que todo los países no comunistas son democracias liberales, sociedades abiertas o simplemente liberales. Esto es lo que Revel llama el debate amañado. Aquí me tiene que pillar el toro a la fuerza. Si a esto le sumas aquello de que los países comunistas más injustos no son verdaderamente comunistas sino que en el fondo son capitalistas, el toro me coge seguro. Tampoco es correcta la comparación entre Honduras actual y la Cuba de principio de los 60 ayudada por la URSS. Te propongo otra comparación más aclaratoria y pedagógica. Compara Corea del Norte actual con Corea del Sur. Y a la antigua Alemania del Este con la Alemania Occidental. La gente se va y se iba siempre en la misma dirección. ¿Subido en el muro de Berlín, para dónde saltarías tú?

Karl PePPer dijo...

Desde lo más profundo de la caverna, donde sabemos que sólo los psicóticos, los fundamentalistas y los progres confunden las sombras con la realidad, felicidades al filósofo colombófilo por este blog compuesto de textos tan sensatos como alejado de la moral de sangre y fuego que hoy colma la blogosfera patria. En fin, Alberto no estaría de más que estudiases algo de historia económica, pero de la que se hace con datos empíricos, aparataje estadístico y conocimiento de que el debate en ciencias sociales ha evolucionado pese a Marx, el subcomandante Marcos o José Luis San Pedro. Sigue mi consego y que el hedor de la momia de Lenin no te turbe.

El Filósofo Impaciente dijo...

Esto no es del todo cierto, Alberto, porque acusabas al liberalismo de ser el culpable de millones de muertos, por lo que te mojabas y criticabas, no era simplemente por un exceso de pulcritud ortográfica el motivo de tu intervención.
El liberalismo económico no escapa al error, pero como no es una ideología sino más bien una teoría científica, corrige el error y por ello va mejorando día a día, a pesar de que siga siendo imperfecto como cualquier ciencia. Eso no es ningún argumento para ninguna justificación, sólo se reconoce la propia imperfección. Es como, por ejemplo, la ciencia aeronáutica que ha dado lugar a la aviación comercial. A medida que se ha progresado ha habido menos accidentes y más comodidad en los vuelos. Pero sigue habiendo fallos y, por tanto, catástrofes. Y reconocer los defectos de la aeronáutica que causan, de vez en cuando, alguna tragedia no es ninguna justificación, sólo reconocemos que no somos dioses y que el progreso va asociado al riesgo aunque haya muchas personas trabajando para que ese riesgo sea cada vez menor. Lo mismo ocurre con el liberalismo económico.
Hablas de los poderes fácticos personificados en los económicos, supongo que te refieres a las multinacionales o a los bancos… Nada comentas de esos otros poderes, las organizaciones antiglobalización, por ejemplo, que también tienen sus intereses. El típico tópico de las multinacionales explotadoras y las ONGs moralmente intachables. Y dices que el problema del sistema liberal es que esos poderes impiden cualquier reforma. Y te quedas ahí, sin más. ¿A qué reformas te refieres? ¿A la aventura boliviana de Evo Morales? ¿A la tasa Tobin? ¿Cuáles son esas medidas maravillosas que pueden hacernos creer que "otro mundo es posible"?
Afirmas que el poder financiero no permitiría un cambio político que vaya en contra de sus intereses, pero los bolivianos han elegido democráticamente ponerse en contra de ese poder. Por lo tanto, es posible que una democracia plante cara a ese todopoderoso poder económico. Por eso, no es el liberalismo un sistema cerrado. Otra cosa es que la receta populista sea para bien del pueblo. Los hechos demuestran que no es así.
Prefiriendo un sistema liberal, como dices, te avergüenzas de sus consecuencias tanto como pueda avergonzarse un marxista de los crímenes de Stalin. Bueno, ya es una suerte encontrar marxistas que reconocen los crímenes de Stalin o de Lenin o de Mao o de Fidel… Durante mucho tiempo se ignoraban o negaban, sin más. Sin embargo, el liberalismo económico reconoce los errores y trata de corregirlos. Y es lógico que una persona que prefiere, como tú, el sistema liberal se avergüence de los muchos defectos que tiene. Pero comparar los errores del liberalismo económico con las masacres que ha propiciado el comunismo es un insulto a la razón. Además, es significativo que sólo te fijes en los errores y no en los enormes aciertos que ha tenido este sistema y que gracias a él cada vez hay menos pobres en el mundo, a pesar de que cada vez hay mayor población.
Lo de China… Creo que Javier te lo explica bien. Confundes churras con merinas. Hago mía la argumentación de Javier.
Para acabar, tengo que decirte que el irónico reconocimiento de la propia ignorancia ya fue inventado por un prepotente griego llamado Sócrates.
No sabía que te hubieras vuelto tan blandito y que te sientas molesto por mi tono en el debate, muy tranquilito pienso yo, nada que ver con aquellas acometidas que nos propinábamos mientras compartíamos mesa y mantel en aquellas noches cada vez más lejanas.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Mis gotas de sangre jacobina afloran más fácilmente las noches de luna llena ante un suculento rabo de toro… Siempre es un placer tenerte encima.
Reconozco abiertamente mi preferencia por las sociedades abiertas. Saltaría sin dudarlo hacia la Alemania de Willy Brandt, o, en su caso, a la Corea del sur. Cruzaría el Estrecho de Bering a nado para huir de la extinta URSS. Pero no entiendo por qué me exigís un entusiasmo que el propio autor del artículo dice no poseer. Soy liberal y me avergüenzo de esos “defectos”, de esos “errores coyunturales”, pero mi vergüenza, ese sentimiento moral, la padezco yo; en ningún caso he pretendido exportarla. Cuando me consideraba marxista, me avergoncé de Stalin, no sé vosotros. Este sentimiento debe de ser un prejuicio de la cultura judeocristiana. ¡Qué suerte tenéis los que lo habéis superado!
Vuelvo a China. La crítica que se ha hecho siempre a los países comunistas es básicamente de carácter moral, falta de todo tipo de libertades, deportaciones, crímenes…; el fracaso de los planes quinquenales es, además, un excelente argumento para promover otro tipo de economía. Pero que se obvien las razones de peso de la crítica cuando sólo se cambia el sistema económico revela un mayor interés por la libertad económica que por la individual. Sigo pensando que la comparación entre los países centroamericanos (década de los setenta) y Cuba (misma época) era acertada. Y creo que sí, casi todos los países no comunistas alardean de ser sociedades liberales; tendremos que considerar que simplemente se encuentran en un estadio menos desarrollado, pero no debemos dudar de la intención de superar los desarreglos aplicando el método científico; asimismo, los países comunistas se precian de ser realmente socialistas, o de aplicar el marxismo lo mejor que pueden. La comparación original servía para indicar que el argumento económico no presupone la opción de la libertad. Habría que ver cuántos liberales estarían al lado de Popper si no se diese la feliz coincidencia de que por lo general las sociedades abiertas generan mayor riqueza y bienestar.
No creo que haya muchas ONG que se financien única y exclusivamente de las cuotas de sus socios, pero las que lo hacen me parecen más honestas que la inmensa mayoría de los partidos y sindicatos que se alimentan de los presupuestos generales del estado.
El mayor o menor porcentaje impositivo no convierte una sociedad abierta en otra cerrada, ni la mayor o menor intervención estatal en determinados sectores. Estar o no a favor de la tasa Tobin no te saca de ningún sitio. No lo olvidemos, el valor supremo es la libertad.
La desagradable retórica populista, sobre todo la del televisivo Chávez, la hemos padecido con harta frecuencia, pero algunos de estos personajes como Menem o Fujimori parecían molestar menos. ¿Libertad y defensa de los derechos humanos, o prejuicios ante la toma de determinadas medidas económicas?
Tenéis razón, el liberalismo no es un sistema cerrado, en teoría, cualquiera puede llegar a ser el presidente de la nación y promover los cambios constitucionales necesarios para subsanar los pequeños inconvenientes que se vayan planteando.
La razón es la coartada (argumento o justificación) del marxismo; el espíritu, la del nacionalismo; la libertad, ¿la del liberalismo?
Tras la libertad, la ciencia como argumento supremo. Y se me acusaba de pretender una superioridad moral…

Alberto

El Filósofo Impaciente dijo...

Nadie te exige ningún entusiasmo por el liberalismo económico. Creo que nadie lo manifiesta. En mi caso, pienso que, hasta ahora, es el sistema menos malo. Sólo eso.
No sé si tu sentimiento de culpa al vivir en la opulencia del primer mundo y ver lo mal que viven en el Tercer Mundo es culpa de la cultura judeo-cristiana o de algún oscuro mecanismo de defensa que bien podría analizar Freud. No sé. Lo que sí sé es que ese sentimiento no te hace mejor. Sólo la acción hace a los hombres mejores. ¿Qué haces tú, Alberto? ¿Fuiste a quitar chapapote a Galicia? ¿Tal vez a apagar los recientes incendios? ¿Vas a ayudar a los inmigrantes? ¿Acoges a alguno en casa? Tu sentimiento de culpabilidad no es, a mi modo de ver, más que una característica básica, consustancial, a cierto aburguesamiento de nuestro primer mundo.
No sólo han sido criticados los países comunistas por su falta de libertades, gulags etc. Lo que tú llamas crítica moral. Porque no has de olvidar que hubo millones de muertos debido a las hambrunas, es verdad que algunas de ellas estaban planificadas. Pero otras se debieron a defectos del propio sistema económico. Por eso, que un país como China pase del Gran Salto Adelante al sistema económico actual es un progreso para millones de chinos. Claro que si se produjera una apertura total sería mejor. Pero nadie puede dudar de que la apertura económica es ya un logro y produce bienestar. Prefiero vivir en esta China a vivir en la de Mao. Pero siempre preferiré vivir en una China plenamente democrática a ésta de ahora (un país, dos sistemas, según se la define).
Lo que dices para las ONGs valdrá supongo para las empresas y multinacionales. Es decir, que aquellas empresas que no son financiadas por el estado te parecerán también más honestas que los sindicatos, partidos y ONGs que chupan de la teta estatal. ¿No?
El marxismo es a la Teoría Económica como el geocentrismo a la Astronomía: teorías refutadas.
La ciencia no es el argumento supremo. Es el argumento. No hay otro cuando se trata de contrastar teoría y realidad. ¿Cuál propones tú? ¿La utopía romántica? ¿La visión pseudo mística de algún iluminado?

Jesús Palomar dijo...

Sobre el concepto de ciencia. Palabra equívoca.
Existen tres conceptos de ciencia:

Las ciencias formales, como la matemática o la lógica, no se refieren a la realidad exterior sino que insisten en el esclarecimiento de las normas de todo razonamiento a priori.

Las ciencias positivas o naturales, como la física, pretenden conocer la realidad exterior y se identifican por su capacidad de crear teorías con una enorme capacidad de predicción y por la utilización del método científico de Galileo. Cuando fallan las predicciones, la teoría se sustituye o se modifica.

La pretensión de la ciencias llamadas humanas es más humilde. Asume que el objeto de estudio es complejo (hay tantas variables en juego que se considera muy improbable el control absoluto de todas ellas). Renuncia a la precisión de las ciencias formales y positivas. Utiliza más el ensayo y error, y la inducción empírica. Los resultados son siempre aproximaciones estadísticas y perfectivos. Pero no exactos.

Cuando un marxista dice que el marxismo es ciencia lo dice en un sentido fuerte. No olvidemos que este debate surge en el siglo XIX. Comte y su positivismo delimitan el concepto. El marxismo se considera ciencia positiva, como las ciencias naturales. Esto implica un factor a priori y predicciones exactas. No obstante, el marxismo no es, evidentemente, una ciencia formal. Tampoco positiva, esto no lo discute ya nadie; sus predicciones no se han cumplido. Tampoco es ciencia humana, la teoría no se modifica o se sustituye aunque falle la predicción. Sencillamente no es ciencia. Es, más bien, una teoría fallida y superada, como la física aristotélica. Un marxista que insista en declarar su ideología como ciencia se convierte en dogmático, y se estrella una y otra vez contra la realidad. Si no se cumplen sus predicciones es por un fallo en la realidad, no en la teoría. En el futuro se cumplirá. He aquí el vicioso razonamiento. Es decir, la teoría es válida se cumpla o no. La Escolástica también asumía este modo de saber irrefutable en su geocentrismo astronómico. Precisamente es este empecinamiento lo que convierte la presunta ciencia marxista en una dogmática, semejante a las religiones monoteístas. Y casi asumen las mismas virtudes teologales de Tomás de Aquino: fe (en Marx), esperanza (en el cielo en la tierra) y caridad (solidaridad o fraternidad), donde la última virtud, la de carácter más práctico, es la menos cumplida por la jerarquía poderosa: ni los gobiernos comunistas ni la Inquisición alcanzaron grandes resultados en ella. De la esperanza, mejor no hablar: opio del pueblo, aplicando a Marx su propia medicina.

La economía actual (añadirle el apelativo liberal es casi tan redundante como añadir a la física del siglo XIX el término newtoniana) se considera ciencia humana. En general, hoy por hoy, así se consideran las ciencias políticas. En la medida que las variables que explican un fenómeno económico se van conociendo, la predicción se va aproximando a la realidad. Cuando una explicación no funciona, se la deshecha o modifica. El árbitro definitivo es la experiencia, no la simetría inmaculada de la teoría que pretende explicarla.

Si un médico intenta conocer la causa de la enfermedad de un paciente consideraría de gran ayuda que el paciente tuviese un gemelo que no hubiese desarrollado esa enfermedad. Pues se descartaría la determinación genética, que es el factor que ambos tienen en común. Teniendo a un gemelo no necesitaría un primo, un tío o un vecino. Afortunadamente para las ciencias económicas y políticas existen países gemelos que han desarrollado distintos niveles de justicia y libertad: las dos alemanias y las dos coreas. Alberto, ¿si pretendes encontrar la verdad de un modo científico, semejante al médico, por qué tu empeño en recurrir al primo, al tío o al vecino en lugar de al gemelo?, ¿por qué tu empeño en comparar a la Cuba de los setenta con Honduras o Guatemala? Tanto más si existen otras variables como la ayuda de un tercer país con intereses estratégicos en la zona como era la URSS. ¿No muestra esto un deseo quizá inconsciente de ajustar los hechos a la teoría, es decir, a tus prejuicios, y evadir el camino inverso? Hay muchas más variables controladas entre las dos alemanias o entre las dos coreas que entre dos países distintos: además del tiempo, una historia común, un mismo idioma, semejantes costumbres, parecidos entornos geográficos, etc. Si todo eso es igual o muy parecido en ambos países, habrá que explicar las diferencias en relación con la libertad y la justicia que ambos desarrollan a partir de lo diferente: considerar la hipótesis de que se debe a la aplicación de planteamientos políticos y económicos distintos no me parece algo disparatado, ¿A ti sí? Si te resulta sensato el procedimiento que utiliza el médico, ¿por qué se lo niegas al economista o al politólogo?

En otro orden de cosas el debate se va aclarando sobremanera. Unos y otros consideramos la democracia liberal un sistema menos malo que el comunismo. No obstante, ni unos y ni otros mostramos entusiasmo por el mismo. Algo es algo.

A mi juicio queda un interesante punto de fricción. Tu énfasis en tu sentimiento moral de vergüenza me recuerda a aquellas puritanas que se escandalizaban al ver desnudo a un hombre, y lo más que hacían era taparse los ojos con la mano y ver por entre los dedos. Cuando la puritana expresa con tanto énfasis su vergüenza ante un cuerpo desnudo, y no obstante lo sigue viendo por entre sus dedos, la expresión pública de sus sentimientos morales se convierte en algo obsceno. Pues recalca su propia incoherencia. Además, la puritana suele creer que su dignidad moral es superior a la de su amiga, que ve el cuerpo desnudo sin taparse falsamente los ojos y sin escándalo aparente. Y la puritana no cree tal cosa porque su amiga sea capaz de ver el cuerpo desnudo, sino porque ésta no muestra exteriormente sentimiento de vergüenza al verlo. A tal retorcimiento Nietzsche lo llamó la buena conciencia de la mala conciencia. Ante conductas iguales, el que muestra mayor afectación (la puritana del ejemplo) se considera en el fondo mejor que el otro, pues al menos se avergüenza de su conducta. Y el otro, no. Pero ¿qué sabe la puritana de la conciencia del otro? y en cualquier caso ¿a quién le importa? Lo que está en el debate es si está bien o mal ver el cuerpo desnudo, y por qué. Y , por ende, como hacer que la existencia de los seres humanos sea un poco menos desgraciada. Lo demás me parece de un moralismo rancio que no mejorará el mundo. En todo caso lo empeorará: tendremos el mismo mundo, pero con más gente avergonzada (o culpabilizada). En esto las veleidades marxistas se me parecen mucho a las de los curillas y beatos. Y el afán moralizante que se adivina me pone en guardia y me hace recordar a Torquemada o a Robespierre el incorruptible, que cortó tantas cabezas en nombre de la virtud y por el bien moral de sus conciudadanos. Ante tales altruistas afectados de culpa y vergüenza prefiero el egoísmo del que pone una panadería en su pueblo para ganar más dinero. Tanto mejor si llega a ganar dinero y hace que sus paisanos puedan comer pan caliente todos los días a módico precio. Si tanta es tu vergüenza, Alberto, intenta limar tu incoherencia. San Francisco se sentía culpable, y para paliar su culpa no se pasó gimoteando toda la vida, cedió todas sus pertenencias. Pero si lo que te interesa es mejorar el mundo al menos un poco, empieza por afinar tu razón y tus sentidos e intenta comprenderlo. Quien intenta curar el cáncer no se pasa la vida expresando su malignidad y su dolorosa afectación, intenta entender los mecanismos que lo producen, para poder evitarlo o paliarlo, o para que otros puedan hacerlo.

Javier dijo...

A raíz de la reflexión de Jesús sobre el nacionalismo y el marxismo, no estaría de más el comentar la relación que pueda haber con otra ideología que hoy día arrastra a cientos de millones de personas y que posiblemente representa un peligro mayor para las sociedades democráticas. Me refiero al islamismo que se enfrenta y lucha abiertamente contra los valores y las sociedades de occidente, que ven representadas de manera especialmente odiosa en EEUU e Israel. ¿Porque el pensamiento de izquierdas encuentra simpatías por un movimiento con principios aparentemente tan contrarios?¿O no son tan contrarios?¿Solo porque derrotado el marxismo, el islamismo es la gran esperanza para acabar con las democracias liberales?
Y no sería un peligro tan temible si no fuera por la existencia en occidente de una poderosa quinta columna que simpatiza más o menos abiertamente con el islamismo radical, con grupos terroristas como Hamas o Hizbulá, e incluso con Al Qaeda.
Que, por ejemplo, después del 11M, en la manifestación organizada por los partidos de izquierda en Leganés, los gritos y las pancartas no fueran dirigidos contra los asesinos, sino contra gobiernos como el de EEUU o el de España entonces, claramente posicionados contra el terrorismo, debería ser motivo de sería preocupación.
O que en el actual conflicto del Líbano, en el que la única democracia de la zona, Israel, un país plenamente equiparable a los países occidentales, no solo no goza de ninguna simpatía por parte de la izquierda europea frente a los ataques terroristas de Hizbulá, sino que ni siquiera se le reconoce el derecho a defenderse frente a enemigos que expresan públicamente su voluntad de destruirlos ( y que trabajan incansablemente en ello), causa asombro. Y en la prensa y en los medios de comunicación asistimos a un autentico vendaval antisemita, y así vemos como se magnifican y se recrean en el sufrimiento de las victimas ocasionadas por los ataques israelíes ( expuestas como trofeos por sospechosos y omnipresentes miembros de equipos de rescate ) y sin embargo no se presta ninguna atención o se minimizan las victimas civiles israelíes, objetivo voluntario y expreso de Hizbulá.
Y hablando de antisemitismo, todo esto del marxismo y del nacionalismo, es decir del nacionalismo y del socialismo me recuerda, no podía ser de otra manera, a los creadores de tan explosiva formula, al nacional socialismo alemán..
Y hace muy poco hemos visto en la manifestación celebrada en el País Vasco por Batasuna, organización definida por ella misma como nacionalista y socialista, desfilar tras un individuo que enarbolaba una bandera, de ¿quién?: de Hizbulá.
Creo que esa fotografía aporta la imagen de una nueva y poderosa alianza del nacionalismo, socialismo e islamismo, que sin duda es ya una amenaza contra las sociedades abiertas y democráticas.
Un saludo a todos
Javier

Anónimo dijo...

Insisto; tal vez, el parecido entre las dos alemanias sea mayor, pero la comparación me parece pertinente, por idioma, costumbres, entorno geográfico, intervención de terceros estados… Sigo pensando que el argumento económico no presupone la opción de la libertad.
La ciencia es el argumento, por lo visto, consustancial al liberalismo económico. Según el conocimiento de las variables que explican un fenómeno económico, las predicciones se aproximan más a la realidad. Pero las medidas para cambiar una realidad que se ajusta a la predicción científica, no presuponen el valor de la libertad. Se obvia deliberadamente la función política en lo concerniente a la economía.
La cuestión de la vergüenza o del sentimiento de culpa se ha convertido en algo primordial. Confieso que nunca debí haberla mencionado, pues considero que pertenece a la más estricta intimidad. Ya no puedo remediarlo. Achacaba este sentimiento a prejuicios judeocristianos, pero no niego que intervengan mecanismos de autodefensa, ni un cierto aburguesamiento. Estoy absolutamente convencido de que este sentimiento no mejora el mundo. Sólo me sirve a mí, y no sé si para bien. Pero desde el palomar no se debe ver con claridad, ya que el que escribe no hace diferencia entre el motivo por el que se avergüenzan las puritanas, a las que le recuerdo, y la hipocresía de su conducta cuando fingen ocultar su mirada, actitud que a lo peor me atribuye. Nos podremos reír, si queremos, de las cuestiones por las que se avergüenzan, pero no tenemos por qué dudar de su sinceridad. Se puede mirar la desnudez sin taparse los ojos y seguir sintiendo vergüenza, aunque se sepa que este sentimiento ni es noble, ni justo, ni bienhechor…, simplemente inevitable en algunas personas. Convengamos que allá cada cual con su conciencia.
Se agradece el consejo epicúreo para que agudice los sentidos, supongo que para disfrutar más de los placeres de la vida, pero me defrauda que un tan fino razonamiento acabe pidiéndome rendir cuentas de mis actos públicamente. Como si solo los afligidos tuvieran que explicar su comportamiento. ¡Practica la caridad y cuéntaselo al mundo!
Javier, lo único que se me ocurre para explicar cierta afinidad entre la izquierda occidental y el islamismo, es la ausencia de frente. La mayoría serían condenados a muerte por blasfemos, adúlteras (los adúlteros se salvan de la pena capital), sodomitas, ateos, o algún otro delito (pecado) que se me escapa. Pero la simpatía se puede explicar muy fácilmente: cuando el más enclenque de la clase que es además el peor bicho, está siendo apaleado por un grandullón, cualquier maestro defiende al débil, no al justo.
Un saludo
Alberto

El Filósofo Impaciente dijo...

Una cosa es tener un sentimiento de pena o culpa ante los sufrimientos de los demás —no dudo que lo tengas, quizá todos lo tengamos— y otra cosa muy distinta es, en este contexto de análisis político, sacarlo a colación. ¿Para qué? ¿Qué añade al debate? Nada, porque aquí, en principio, no interesan los sentimientos privados. Si, por seguir con el ejemplo que ya puse, estuviéramos hablando de la seguridad técnica en la aviación comercial, nos interesaría saber cuáles son los nuevos sistemas de comunicación, las mejoras en los flaps o en los motores o qué sé yo. Ahí se centraría el debate. No vendría a cuento manifestar en éste un sentimiento de vergüenza o culpa por las víctimas que se producen en los accidentes aéreos.
En cierto modo lo que te ocurre me recuerda al segundo Wittgenstein y sus juegos de lenguaje. Creo, Alberto, que estábamos en un juego de lenguaje científico-político y tú te descolgaste con otro que podríamos llamar psicológico-emocional. Nada que objetar a que manifiestes tus sentimientos o neuras o lo que te dé la gana, pero afina el momento para expresarlos. Tal vez en el confesionario o en el diván sería más apropiado.
Para terminar, una pregunta: ¿sigues defendiendo tu memorable frase con la que iniciaste este debate, que bien podría haber salido de la pluma del Che Guevara o de Fidel Castro, entre otros: “ese liberalismo es el culpable de millones de muertos al dejar en manos de desaprensivos los recursos alimenticios y energéticos de gran parte de la población mundial” ?
Saludos y no te me enfades.

Anónimo dijo...

La frase inicial no presuponía que otros sistemas no fueran incluso peores que este. El liberalismo no se sustrae a ciertos desarreglos, simplemente.

Me emociona el paternalismo de ciertos filósofos, simplemente.
Aberto

El Filósofo Impaciente dijo...

En fin, Alberto, qué quieres que te diga si te enrocas intentando justificar la frasecita. Pero se te ve el plumerillo. Porque esos "desarreglos" son, según tú, los culpables de millones de muertos. "Desarreglos" los llamas ahora. ¿Desarreglos técnicos? ¿Errores simplemente? ¿Nada de responsabilidad moral? ¿Realmente crees esto ahora?
Y, además, intentas decirnos que los otros sistemas (el comunista, en sus distintas versiones geográficas) son algo peores que el liberalismo, que ya es decir, según tú. Hablas de una simple gradación en el mal, porque tú piensas que los dos son esencialmente malos. Pero no hay color, mal que te pese, entre un sistema y otro. A pesar de esos "desarreglos". Es como el día y la noche. Nada de gradaciones.
Se nota que nunca has vivido en un sistema así. Reynaldo Arenas, Eugenia Ginzburg, Solzhenitsyn, Margarete Buber-Neumann y tantos otros que lo hicieron y lo sufrieron se quedarían a cuadros si leyeran tus asombrosas intervenciones en este blog.

No entiendo a qué te refieres con lo del paternalismo.

Iñaki dijo...

Hola
He llegado un poco tarde al debate, que parece ya agotado. Me gustaría tomar el hilo de uno de los posts en lo que respecta a Israel. La prensa española es decididamente antiisraelí, pero no porque critique a Israel, sino porque lo hace utilizando la ley del embudo, cualquier acción de Israel es mucho más culpable que otra semejante de sus enemigos. La afectación llega a extremos de manipulación, sobre todo en el caso de hechos ya lejanos en el tiempo, que podríamos definir como históricos (manipulación de la historia), por ejemplo hace unos días oí a un tertuliano radiofónico hablar de pasada de las matanzas de Chabra y Chatila "cometidas por los israelíes" y nadie le hizo notar que en realidad fueron cometidas por los falangistas libaneses. Por contra, me pregunto si alguien ha oido hablar de la matanza de Damour perpetrada por la OLP en 1976.

El Filósofo Impaciente dijo...

En 1983, el entonces general israelí Ariel Sharon entabló un proceso contra Time por un artículo aparecido en sus páginas en el que se le acusaba de haber dado orden de asesinar a palestinos en Sabra y Chatila. Esa matanza, en efecto, la realizaron tropas libanesas cristinas a sueldo de Israel. Pero no se pudo demostrar que habían actuado con la aquiescencia del mando israelí. Es más, en la audiencia se puso de manifiesto que lo contrario era lo más probable.

El Filósofo Impaciente dijo...

Como dice Swift:
"No podéis conseguir que alguien abandone por el razonamiento una convicción a la cual no ha sido conducido por el razonamiento".

Visvakarman dijo...

Uns película de filosofía
http://www.youtube.com/watch?v=xrShK-NVMIU

Anónimo dijo...

El liberalismo desde la crisis del 29 no lo defienden ni los propios capitalistas, que como vemos estos días, cuando tienen problemas demandan que el estado les rescate.

Para hablar de Marxismo se debería empezar por leer algo de Marx "El Manifiesto Comunista", "El Capital", "Trabajo, salario y ganancia",etc para saber qué criticaba Marx, con qué argumentos y que alternativas proponía.

Otro tanto se debería hacer para hablar sobre Cuba, Venezuela, la RDA, etc y no limitarse a repetir las mentiras, tópicos y patrañas que publican los medios de propaganda, desinformacíon e intoxicación.

Jesús Palomar dijo...

Bueno, querido anónimo, esperamos ávidos que nos ilustres. Todos podemos recomendar bibliografía. Aquí, como has visto, se argumenta.
Un saludo cordial.