viernes, junio 25, 2010

EDUCACIÓN, ENSEÑANZA Y NUEVAS TECNOLOGÍAS VI

No estoy en contra de las nuevas tecnologías. Mi actitud personal es de entusiasmo. Y quizá mi prudencia encaje mal con este sincero entusiasmo. El conocimiento y la actitud crítica necesitan del razonamiento, y éste se lleva a cabo con conceptos y no con imágenes, pero esto no significa que debamos negar a la imagen todo valor pedagógico. Es un hecho. Vivimos en una cultura iconográfica (casi a la vez que aprendemos el lenguaje hablado aprendemos el cinematográfico y el televisivo), y despreciar lo imaginario y enfrentarlo radicalmente a lo conceptual sería un craso error. La imagen capta nuestro interés con facilidad y nos seduce casi inmediatamente, siendo por ello, además de un medio para la mejor comprensión, un elemento motivador de primer orden. Platón, prácticamente el primer gran escritor de nuestra cultura, lo sabía; y es el mayor creador de imágenes alegóricas que redundan en la comprensión de sus complejas y profundas teorías. ¡Qué aplicación tan fabulosa habría hecho Platón de las nuevas tecnologías de nuestro tiempo! Creo sinceramente que para personas formadas, con un domino más o menos aceptable de la escritura y habituadas a la lectura, la red y los medios audiovisuales son algo sencillamente maravilloso. Lo es para un grupo de investigación, para un alumno universitario o simplemente para un alumno de bachillerato de hace veinte años. También para muchos bachilleratos actuales ¿Pero es igualmente conveniente para un niño o un adolescente en formación?

Quizá podamos decir, bueno, el lenguaje escrito y la clase magistral es el medio, pero el alumno recibe la misma información e incluso más completa a través de otros medios. Pero precisamente esa es la cuestión de la que tratamos. Volvemos a caer en la trampa. ¿Es indiferente el medio de trasmisión para la formación cognitiva y personal, y no solo la información, que recibe el alumno, un alumno alfabetizado a medias?

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